Los huracanes Isidore y Lili, que con diferencia de 11 días azotaron la occidental provincia cubana de Pinar del Río, dañaron 55,188 viviendas, 7,290 de las cuales quedaron totalmente destruidas, según un balance preliminar publicado ayer en la prensa local.
Un muerto, cinco heridos, y cuantiosos daños materiales, dejó a su paso el huracán Lili que el 1 de octubre castigó la Isla de la Juventud y Pinar del Río, ambas en el occidente cubano, con vientos sostenidos de 160km/h.
Por su parte, Isidore tuvo un curso similar el 20 de septiembre, con vientos más débiles, pero mucha más lluvia y una lenta velocidad de traslación, que lo mantuvo casi estacionario sobre Pinar del Río por seis horas.
En el balance realizado por las autoridades provinciales de Pinar del Río, se indica que a pesar del gran esfuerzo realizado por restablecer los servicios de agua corriente y electricidad, buena parte de la provincia todavía carece de ellos, lo que dificulta las labores de recuperación.
Un total de 4,600 personas permanecen en albergues estatales tras haber perdido su vivienda, y no disponer de posibilidades habitacionales en casas de familiares o amigos.
En el sistema educacional, 479 instalaciones sufrieron algún tipo de daño por los vientos o las aguas de los huracanes. Este lunes deben reiniciarse las actividades docentes en la provincia, suspendidas desde hace una semana.
Por otra parte, 142 consultorios médicos resultaron averiados, mientras que la actividad quirúrgica electiva (no urgente) permanece suspendida.