LA INCESANTE violencia en Irak, que ya ha dejado miles de muertos, ha traído consigo otra catástrofe humana que hasta hace poco ha sido largamente ignorada: más de dos millones de refugiados iraquíes han dejado ya su país a causa del conflicto.
Ese número, al que hay que añadir los aproximadamente 1.8 millones de desplazados dentro de las fronteras de Irak, supone la mayor crisis de refugiados en Oriente Medio desde la creación del Estado de Israel en 1948.
Sin embargo, las previsiones de la ONU hacen aún más dramática la situación, pues se teme que, si la violencia no cesa, otro millón de personas podría dejar sus hogares este año.
Este éxodo masivo ha pasado prácticamente de puntillas para la comunidad internacional, que hasta hace pocos meses no ha comenzado a tomar consciencia de la dimensión de la catástrofe.
En las últimas semanas, las agencias internacionales y distintas naciones han comenzado a mover los hilos para que la gravedad de la situación no la convierta en irrevocable.
Especial relevancia han tenido los últimos movimientos diplomáticos de Estados Unidos, que, en una ruptura con la tónica mantenida hasta ahora, ha reanudado los contactos bilaterales con países considerados hostiles, como Siria.
Precisamente Siria es el mayor receptor de desplazados iraquíes, con más de un millón, seguido por Jordania, con unas 750, 000 personas que han acudido desde Irak.
La secretaria de Estado adjunta de Estados Unidos para asuntos de Población, Refugiados y Migración, Ellen Sauerbrey, visitó esta misma semana Damasco para tratar con las autoridades sirias sobre el problema, en la visita de mayor nivel de un estadounidense a ese país desde hace dos años.
Su viaje llegó en un momento en el que arrecian las críticas contra Estados Unidos por su reticencia a recibir a refugiados iraquíes dentro de su territorio.
El año pasado, Estados Unidos sólo aceptó a 202 refugiados iraquíes y, desde que comenzó el conflicto en marzo de 2003, el total de acogidos apenas llega al medio millar.
Para paliar esa imagen, el Gobierno de George W. Bush anunció en febrero que este año permitirá la entrada en su país a 7, 000 desplazados iraquíes.
Algunas voces críticas en el mundo árabe consideran que este recelo para acoger a los refugiados se debe a que lo contrario podría interpretarse como un reconocimiento del fracaso en Irak.
Una de las figuras que con más insistencia ha reclamado una mayor implicación de EE.UU. en la tragedia es la del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Antonio Guterres, quien, en una reciente rueda de prensa en El Cairo reclamó que se alivie a Siria y Jordania del enorme peso que soportan.
"Es mi deber como Alto Comisionado pedir a Siria y Jordania que continúen dando protección a las personas que han pedido asilo en sus territorios, pero también es mi deber pedir a la comunidad internacional que comparta esa responsabilidad", dijo.
Asimismo, apeló a los países árabes y musulmanes a que se involucren en el respaldo financiero, económico y técnico en la crisis.
Más de dos millones de refugiados por conflicto
Los movimientos de la población han tenido especial repercusión en barrios "mixtos".