"Esta es probablemente la peor catástrofe o conjunto de catástrofes que yo recuerde en la historia del país. Fue un huracán devastador seguido de una inundación devastadora", indicó Chertoff.
Agregó que el inesperado doble golpe del huracán, seguido por la inundación en Nueva Orleáns, destrozó los planes de emergencia del Gobierno con la fuerza de una "bomba atómica".
Ayer miles de personas continuaban siendo llevadas a lugar seguro en autobuses y aeronaves, dejando en el corazón de Nueva Orleáns solamente a los muertos y los agonizantes, los ancianos y las personas debilitadas por días sin alimento, agua o cuidado médico.
Hasta ahora, nadie ha determinado el número de muertos por las inundaciones, o cuántas personas más fallecieron en espera de ser rescatadas. Pero hay cadáveres en todas partes: ocultos en áticos, flotando en las aguas de la devastada ciudad, derrumbados en sillas de ruedas, abandonados en las carreteras.
La Guardia Costera rescató a unos 9,500 sobrevivientes de la apocalíptica destrucción en Luisiana y la costa del Golfo de México, mientras unas 4,000 personas fueron sacadas de allí por vía aérea el viernes.
Además empezaron a funcionar los trenes para llevar gente a Texas. Pero la violencia no abandona la región devastada, y ayer los refugiados del Superdome se echaban a tierra para evitar los disparos de un francotirador.
Los disparos provenían de una autopista que pasa cerca del Superdome, donde miles de sobrevivientes esperaban los autobuses que los sacaran de allí, informó un oficial estadounidense.
Los sobrevivientes han informado de al menos 14 muertes en el centro de convenciones por las pésimas condiciones de higiene y la falta de alimentos.
Allí, los soldados comenzaron los trabajos para recuperar los cuerpos y evacuar a las miles de personas refugiadas.
Ancianos en muletas, padres que llevan a sus niños pequeños en carros de supermercado, personas simplemente desesperadas, esperan ansiosas subir a los ómnibus que los llevarán finalmente fuera de Nueva Orleans, seis días después del huracán.
"Estas personas precisan salir de aquí lo antes posible", dijo el Teniente General Mark Lumpkin. No obstante, algunos ciudadanos se niegan a abandonar la ciudad.
Acusado de inoperancia para ayudar a la devastada Nueva Orleáns, el presidente George W. Bush incrementó el socorro y decidió volver a la zona, entre misiones de evacuación y seguridad.
"El presidente irá a Luisiana y Mississippi", dijo el portavoz de la Casa Blanca, Scott McClellan, pero el número y localización de las visitas del mandatario todavía estaba en el aire.
"Hora a hora, la situación mejora, pero la enormidad de la tarea requiere más recursos y más tropas", declaró el presidente en la Casa Blanca, al anunciar que había ordenado el envío de otros 7,000 efectivos militares en servicio activo.
Las tropas llegarán en las próximas "24 a 72 horas" dijo Bush. Otros 10,000 guardias nacionales serán desplegados en Luisiana y Mississippi la semana próxima, elevando a unos 40,000 el total de tropas en la región.
La Universidad Tulane canceló su semestre de otoño tras el paso del huracán, anunció el presidente de ese centro de estudios.
Unos 300 soldados norteamericanos desplegados en Afganistán e Irak han sido autorizados a regresar al Estado de Misisipí para ayudar a sus familias a hacer frente a la catástrofe.