Los medios de comunicación mexicanos, asediados por las amenazas y agresiones del crimen organizado, confesaron los mecanismos de autocensura que se han visto obligados a poner en marcha para proteger las vidas de sus periodistas.
Directivos de varias empresas periodísticas, congregados en un foro organizado por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) en Ciudad de México, coincidieron en que la mayoría o no informa sobre narcotráfico, o lo hace de modo somero y sin investigar.
El director ejecutivo del CPJ, Joel Simon, manifestó -al inaugurar la reunión- que más de 30 periodistas han muerto en México desde que el presidente Felipe Calderón asumió el cargo en diciembre de 2006.
Los periodistas “son blanco de una estrategia nefasta de control de la información de parte del crimen organizado”, dijo, y recordó que “el Gobierno federal tiene la responsabilidad de garantizar la libertad de expresión” en el país.
Javier Garza, subdirector editorial del periódico El Siglo de Torreón, diario que perdió al periodista Eliseo Barrón -asesinado en mayo de 2009- y cuyas instalaciones fueron atacadas a tiros por desconocidos en agosto del mismo año, reconoció que ese rotativo realiza una cobertura “muy básica, muy apegada a la información oficial en lo que tiene que ver con los hechos delictivos”.
Desde hace tres años “no hay labor de investigación ni trabajo para tratar de definir el mapa y la geografía de los distintos grupos del crimen organizado que se disputan la plaza (ciudad de Torreón)”, admitió.