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¿Menores criminales?

La aplicación de la Convención de los Derechos del Niño ha sido firmada por 190 países del mundo.


EL TEMA de los niños y adolescentes que cumplen penas en prisiones se debate en medio de la controversia sobre cómo aplicar medidas punitivas severas a los denominados "menores infractores".
En Panamá, la polémica comienza a tomar fuerza debido a la participación de los jóvenes en crímenes brutales y asesinatos.
Sin embargo, nuestro país apenas se inicia a convertir en uno de los temas más debatidos y polémicos sobre el trato a los delincuentes juveniles.
Países como Filipinas, Kenia y Pakistán, por mencionar algunos, han sido acusados de maltratar a los jóvenes menores de 18 años, encarcelándolos en los mismos centros de detención en donde están los criminales adultos, pese a que estas naciones han firmado la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño.
Recientemente, las periodistas Rebecca Hodson y Vera Franklyn de la BBC de Londres realizaron un análisis sobre la cuestión, descubriendo discrepancias y contradicciónes acerca del caso de los menores que delinquen y su destino.
Las reporteras indicaron que cada día, miles de jóvenes alrededor del mundo llegan a parar a las cárceles. De inmediato, señalan, los adolescentes se enfrentan al mundo violento de las prisiones, violando sus derechos humanos, pese a que deben estar protegidos por convenciones internacionales.
"Países desarrollados y en vías de desarrollo son culpables por abusar de los derechos de los niños en escala masiva. Para muchos, esto es el comienzo de meses, quizás años, detrás de las rejas pasando sufrimiento", advierten las periodistas británicas.
Los adolescentes encuentran incluso dificultades para recibir representación legal para defenderse en juicios, no pueden ver a sus padres, son forzados a convivir con delincuentes, sufriendo por la mala comida y la falta de servicios sanitarios adecuados.
Según la BBC, la violencia llega al extremo del abuso sexual, algo que en algunas sociedades ya ni siquiera impacta. Es más, dicen las reporteras que se avala el castigo severo a los jóvenes delincuentes.
Entretanto, otro problema es la cultura y la sociedad en donde viven los jóvenes.
En el caso de Pakistán, los menores de edad reciben penas duras. Por ejemplo, los niños mayores de siete años pueden ser condenados por cometer un crimen.
La abogada Hina Jilani, que por años ha defendido casos en ese país, indicó que "los niños no tienen voz y a nadie les importa", son vulnerables y tienen poco acceso a recibir justicia adecuada.
Por otro lado, en Kenia la situación es más difícil. La reportera Fiona Ledger descubrió que un número significativo de niños y adolescentes pobres, de familias disfuncionales, están siendo detenidos por la policía y se les obliga a purgar condenas dentro del sistema judicial local.
"No tienen derecho de ir a una corte, hasta no ser acusados formalmente por un crimen y enfrentan largas detenciones en las cárceles", destacó Ledger.
La Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño se abrió para su ratificación de los países miembros desde el 20 de noviembre de 1989. Desde entonces, unos 192 Estados han firmado y ratificado este pacto, que busca proteger a los jóvenes de los abusos y el maltrato.
Sólo dos países del mundo no han firmado el pacto. Uno es Somalia (inmersa en una guerra civil) y los Estados Unidos de América (EE.UU.).
El caso más polémico es EE.UU., puesto que es uno de los países emblemáticos en la lucha de la democracia y la trayectoria histórica por defender los derechos civiles.
Empero, la mayor potencia mundial tiene un sistema federal complicado, en el que cada uno de los estados norteamericanos aplica sus propias leyes.
Por ello, no es de sorprender que 40 estados en los Estados Unidos permiten que los niños y adolescentes se les trate igual que a los criminales adultos.
En esos 40 estados se han adoptado legislaciones que permiten también castigos similares al de los criminales mayores de edad.
Sólo basta recordar a John Lee Malvo, el entonces menor de edad que participó en 2002 en la serie de asesinatos del "francotirador" en las afueras de Washington DC y fue condenado en Virginia a cadena perpetua.
Lo que lo salvó de la pena de muerte fue que era menor de edad.
"Castigo, no la rehabilitación, se ha vuelto la regla del juego", destaca la BBC. "Muchos de los menores de edad son evaluados por jurados y hasta el parecer del juez determina el destino de los jóvenes incriminados", dice la investigación.
Mary Ellen Johnson, directora ejecutiva de la Fundación "Péndulo" (entidad que promueve campañas a favor de la transparencia en la justicia juvenil), advirtió que los Estados Unidos mantiene más del 90% de todos los jóvenes detenidos pagando condenas alrededor del mundo.
"Aquí en Colorado, nosotros tenemos más de la mitad de nuestros niños pagando largas condenas. Están presos 23 horas al día. Lo que se les hace a ellos en prisión es tortura, pura y simple", agrega Johnson.
Algunos de los Estados en la Unión Americana hasta aplican la condena a muerte de personas con edades de 16 a 18 años de edad, lo cual se convierte en una de las mayores barreras para la ratificación de la Convención de la ONU sobre los derechos a los niños.
El 16 de febrero de 1995, la entonces embajadora norteamericana en la ONU, Magdeline Albright, firmó la Convención de los Derechos del Niño. Sin embargo, la Constitución de Estados Unidos requiere que los tratados internacionales sean aprobados por dos terceras partes del Senado.
Por otro lado, tanto la Administración del Presidente George W. Bush como connotados miembros conservadores del Partido Republicano, hoy en el poder en Estados Unidos, han mostrado su rechazo a ratificar el tratado de la Convención de los Derechos del Niño.
"La Convención puede ser una herramienta positiva para la protección y seguridad de los niños en los países que la han adoptado. Pero creemos que el texto va más allá, cuando sus argumentos tratan posiciones basadas en problemas económicos, sociales y los derechos culturales. La postura pro derechos humanos representa significativos problemas al utilizarse este texto", reitera la versión oficial del Gobierno norteamericano.
Otros estiman que la actitud de Estados Unidos es la correcta, ante el incremento de la delincuencia en los países desarrollados.
Ya en Centro América, países como Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador están comenzando a adoptar medidas severas contra los adolescentes, muchos de ellos miembros de pandillas como las "Maras".
Sin embargo, entidades como Human Rights Watch (HRW) y la UNICEF advierten que los derechos de los niños y los adolescentes deben defenderse, de que una de las razones por la cual los jóvenes delinquen es la presión e influencia de los adultos para cometer crímenes violentos.
Por otro lado, en el 2003, HRW denunció que los niños del norte de Brasil son víctimas habituales de palizas por parte de la policía y son detenidos en condiciones abusivas, algo que todavía se aplica en ese país sudamericano.
"Al igual que los Estados Unidos, Brasil es una confederación de Estados donde cada uno de los gobiernos estatales mantiene control exclusivo sobre el manejo de su sistema de detención juvenil. Sin embargo, al gobierno central se le asigna un papel fundamental en la vigilancia del cumplimiento de la legislación nacional de justicia juvenil. Más aún, el gobierno central tiene la facultad de condicionar el financiamiento de los sistemas estatales de detención juvenil en el caso de que los estados no cumplan con ciertos estándares mínimos en materia de derechos humanos", advirtió HRW.
En los centros de reclusión para jóvenes en Río de Janeiro, también los menores sufren abusos y son sometidos a condiciones inhumanas, agregó la entidad internacional según otro informe realizado en 2004.
Mientras los políticos en Estados Unidos y Brasil debaten esta problemática, Erik Jensen, de 25 años, sigue cumpliendo prisión por un crímen que no cometió.
Jensen está detenido en la prisión de Arkanzas Valley en Colorado, desde que tenía 17 años, después de ser acusado y condenado por asesinato, algo que según él no cometió. La ley en ese estado norteamericano dice que jamás será liberado. Igual que él, miles de otros adolescentes sirven condenas de por vida en cárceles.
"Esta es mi hora más oscura y debo enfrentarlo así", destaca Jensen desde su reclusión perpetua, al ver que su vida fue tirada al caño hace rato.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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