C ientos de miles de personas con camisas blancas salieron a las calles de Hong Kong ayer para desafiar la negativa de China a permitirles que elijan a sus propios líderes y para expresar su frustración por el gobierno chino.
Ancianos y madres con sus hijos coreaban "Devuelvan el poder al pueblo, luchen por la democracia", en columnas que se extendían varios kilómetros desde un parque hasta las oficinas del gobierno en el corazón de la ciudad.
"Estoy aquí para decirle a Pekín que queremos democracia, que queremos elegir a nuestro propio presidente", expresó el constructor, Chan Sum Kee, de 54 años, quien al igual que muchos otros salía a protestar por primera vez.
La manifestación, que tuvo lugar en el séptimo aniversario del retorno de la ex colonia británica a China, hizo que Pekín tuviera una muestra de lo que más teme: una expresión de disenso masiva y pública.
Activistas a favor de la democracia enfatizaron que lo que quiere Hong Kong es más libertad bajo el gobierno chino.
Con motivo de la proximidad del fin del arrendamiento británico sobre los Nuevos Territorios en el año 1997, dieron comienzo en 1982 una serie de conversaciones entre China y Gran Bretaña acerca del futuro de Hong Kong. El acuerdo legal entre estos dos países alcanzado en 1984 y firmado en el mes de diciembre en Pekín (la Declaración Conjunta chino-británica), estipulaba que todo Hong Kong retornaría a la soberanía china el 1 de julio de 1997.