Rusia acusó ayer a la guerrilla chechena de urdir nuevos atentados en Moscú y de pertrecharse con sustancias tóxicas, al vincular a los separatistas con el grupo de magrebíes detenidos en Londres en posesión del veneno ricina.
El Servicio Federal de Seguridad (FSB, ex KGB) afirmó que el comandante chechén Shamil Basáyev, cerebro de la toma de rehenes en el teatro Dubrovka de Moscú, prepara nuevos atentados en la capital rusa.
"Hemos recibido información de la Interpol de que Basáyev ha amenazado con perpetrar otro acto terrorista en Moscú", dijo en una reunión del Ayuntamiento Víctor Zajarov, jefe del FSB en la capital. Basáyev se atribuyó la organización del asalto al Dubrovka en octubre pasado por 41 extremistas chechenes, y amenazó con otros atentados más duros.
En la operación para liberar a los casi un millar de secuestrados murieron 129 rehenes, la inmensa mayoría a causa del gas somnífero empleado en el rescate, y todo el comando suicida, que reclamaba el fin de la guerra en Chechenia.
El Kremlin, que presenta la guerra en Chechenia como eslabón de la campaña antiterrorista internacional, aprovechó el asalto al Dubrovka para rechazar el diálogo con los separatistas, a los que vincula a las redes extremistas mundiales.