La muerte de siete soldados y de dos niños afganos, al estrellarse un helicóptero militar junto a Kabul, tiñó ayer de tragedia la misión alemana en Afganistán, el día después de que el Parlamento de Berlín prolongara la contribución a la ISAF, cuyo mando además asume Alemania el próximo febrero.
Un Sikorsky CH-53 envuelto en llamas, según testigos presenciales, hundió a la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF) en el más alto balance de víctimas jamás sufrido por la Bundeswehr (Ejército alemán) en una misión internacional.
El aparato se precipitó contra una casa, a cinco kilómetros del campamento germano y provocó esos siete muertos en las filas alemanas, además de dos niños que jugaban en la zona y un número aún no determinado de civiles, según fuentes afganas. Todo indica que es un accidente.