Según cifras suministradas por esa institución, que coordina el Centro de Apoyo a la Mujer Maltratada (CAMM), desde su apertura en el 2000 hasta el año pasado, 221 mujeres víctimas de la relación con su pareja solicitaron refugio.
En este mismo periodo también se le ofreció albergue a unas 178 niñas y 189 varones, todos menores de edad.
En relación con las cifras desde su apertura, de 37 mujeres en 2000; 22 en 2001; 76 en 2002; y 86 en 2003, se refleja que las víctimas empiezan a ser conscientes de denunciar el maltrato por parte de su pareja. Esto es corroborado por Astreny Artunduaga, trabajadora social del Albergue Nueva Vida, donde además se ha brindado atención ambulatoria a 1,505 mujeres, frente a unas 52 en el año 2000.
Actualmente este refugio es una respuesta directa e inmediata para las mujeres y sus hijos, quienes diariamente se exponen a situaciones de crisis y riesgo a raíz de la violencia intrafamiliar, dándoles la valiosa oportunidad de lograr un cambio consciente y desarrollar su vida en paz.
Desde servicios de psicología, trabajo social y asesoría legal, reciben estas mujeres, quienes llegan por sus propios medios, mientras que otras son referidas por fiscalías, corregidurías y centros de salud, al paso que claman: "Tengo mucho miedo porque él me está diciendo que me va a matar", y presentando cuadros tan tétricos como cortadas de machete, navajas y cuchillos, golpes y mordidas, incluso heridas producidas con coas y quemaduras de cigarrillos.
Ocho habitaciones se encuentran completamente habilitadas para el alojamiento transitorio de las mujeres y sus hijos, quienes pueden permanecer de una a dos semanas, mientras se resuelve su situación.
De acuerdo con el reglamento interno de la institución, la estadía es por una semana, pero si persigue el riesgo, el equipo decide si se extiende más ese tiempo, quedándose hasta poco más de un mes.
Artunduaga advierte que de ninguna manera se les obliga a que permanezcan allí, pero sí se les hace ver el riego en el que se encuentran, mostrándoles en qué posición y en qué tipo de violencia estás y qué episodios están por venir.
Al admitirlas, este trabajo requiere de una observación detallada, en donde se pone en balance la expresión verbal con la corporal de la afectada. A las mujeres que no ameritan ser alojadas en el albergue, se les facilita tratamiento psicológico.
La propia afectada es la única que decidirá sobre su futuro, sin embargo, es imprescindible que no lo haga por sus hijos.
El común denominador de estas mujeres es que presentan lesiones físicas y emocionales.
Se muestran además muy alteradas, contando episodios de violencia tanto presente como pasada, advirtiendo sobre la amenaza de muerte.