Dos mujeres se dejaron crucificar por sus compañeros de grupos denominados "sin techo" que protestan desde hace varias semanas en Asunción para exigir la destitución del ministro de la Secretaría de Acción Social (SAS), Pablino Cáceres.
Las dos mujeres, cuyos nombres no fueron divulgados, se ofrecieron como voluntarias para ser atravesadas por clavos en las palmas de las manos y amarradas a dos cruces, ellas fueron llevadas en andas por miles de los "sin techo" durante una marcha por el centro capitalino.
La drástica medida de fuerza se llevó a cabo luego de que los manifestantes fueran desalojados por la policía de una plaza pública de Asunción, donde permanecían acampados y realizaban a diario protestas para exigir la destitución de Cáceres, a quien acusan de inoperante y de desoír las reclamciones del sector.
Tras la protesta, que incluyó un mitin ante la SAS, las dos mujeres fueron llevadas a un centro médico para ser asistidas.
Ante esa situación, el fiscal general del Estado, Rubén Candia Amarilla, anunció que analizarán eventuales imputaciones debido al peligro al que fueron expuestas las dos personas.
Los "sin techo", como se denomina en Paraguay a los ocupantes ilegales de propiedades de varios departamentos y, principalmente, de localidades aledañas a Asunción, también exigen la compra de tierras para la construcción de viviendas populares, cuyas adjudicaciones son tramitadas por la SAS.
Cáceres propuso la semana pasada dialogar con no más de cinco representantes de los ocupantes ilegales de propiedades, pero los manifestantes dijeron que sólo lo harán de forma conjunta con los 28 líderes de las distintas bases que agrupa a ese colectivo.
Uno de sus líderes, Blas Vera, advirtió hoy que proseguirán las protestas y no descartó eventuales bloqueos de carreteras si la SAS no libera los recursos que reclaman, unos 8,1 millones de dólares para los programas de viviendas populares.
No existen cifras confiables sobre la cantidad de personas en situación de calle en Asunción, aunque, seguramente, la cifra es de varios miles.
La dificultad para cuantificar el problema reside en que se trata de una población flotante que muchas veces pasa temporadas en pensiones o ocupando casas deshabitadas.
La crisis económica que sufre el Paraguay y la falta de políticas sociales que atenúen sus efectos, día a día provoca más excluidos alcanzando niveles cada vez más alarmantes.