LA "FIESTA del carnero", que conmemora el sacrificio de Abraham, se celebró ayer en todo el mundo musulmán, donde millones de animales fueron degollados en una fiesta de reencuentro familiar, de ingesta de comida en la que suben los niveles de colesterol y de absentismo laboral.
La jornada comenzó en El Cairo, como en las demás ciudades musulmanas, con un grito familiar: "El Carnicerooo, el carnicerooo", un matarife que alquila su técnica a los padres de familia que deben matar un animal macho pero no quieren mancharse las manos. El matarife degüella, despelleja y despieza al animal como hizo Abraham, pero también puede ser un buey o un camello a cambio de unos cinco dólares, mientras a su alrededor es frecuente ver a menesterosos mendigando un poco de carne o despojos.