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Náufragos dispuestos a pasar por el polígrafo

Pese a la experiencia vivida están dispuestos a volver a trabajar en el mar porque esa es su forma de vida.


LOS TRES pescadores mexicanos que dicen haber sobrevivido a la deriva nueve meses en el Pacífico llegaron a su país y, en medio de gran expectación, ofrecieron someterse a un detector de mentiras para dar veracidad a su increíble relato.
"Sí, vamos todos a someternos a un detector de mentiras", dijo en tono irónico el pescador Salvador Ordóñez en una multitudinaria rueda de prensa en la que estuvieron también Jesús Eduardo Vidaña y Lucio Rendón, sus dos compañeros en la aventura.
Su historia comenzó hace nueve meses cuando, con otros dos compañeros, se embarcaron en el estado de Nayarit, en el noroeste de México, para cazar tiburones, y poco después quedaron a la deriva en una barca de unos nueve metros de eslora y sin apenas equipamiento.
Los tres pescadores, que están bien de salud, insistieron en que cruzaron el Pacífico arrastrados por las corrientes y superaron tormentas y penosas condiciones para sobrevivir, pero en la travesía los otros dos fallecieron y arrojaron al mar sus cadáveres.
El 9 de agosto fueron rescatados cerca de las Islas Marshall, en el Pacífico sur, por un barco atunero de bandera taiwanesa.
"Venimos muy cansados. Queremos tomar unas vacaciones y volver a trabajar en el mar", sostuvo Ordóñez.
De buen talante pese a la inusitada presencia de los medios, el pescador declaró que, tras pasar más de 280 días a la deriva, quiere volver a hacerse a la mar muy pronto.
La primera rueda de prensa ofrecida en México tras su llegada se fue convirtiendo en una especie de interrogatorio para Ordóñez, Rendón y Vidaña, que dijeron estar dispuestos a someterse a un detector de mentiras para que no quede duda de su relato.
Los náufragos, quienes han cautivado a productores de cine y televisión, se refirieron con parquedad a cómo murieron sus dos compañeros, de quienes sólo se sabe que se llamaban uno "Juan David" y al otro lo llamaban "El Farsero".
"Ellos no querían comer ni aves ni tiburones crudos. No soportaron tomar la sangre ni los bofes (entrañas).
Sólo nos veían y hacían gestos (de burla y rechazo), pero ahora nosotros estamos y seguimos vivos, y ellos no", dijo Jesús Eduardo Vidaña.
Muy poco se sabe de los dos misteriosos acompañantes, pero trascendió que el primero era dueño de la embarcación y el segundo su ayudante.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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