Acontecimientos
- Noticia
- La muerte de Mandela se ha convertido en el acontecimiento informativo con más repercusión internacional de 2013, habida cuenta del millar de periodistas que se han desplazado hasta Johannesburgo para su cobertura.
- Delegaciones
- Un total de 53 jefes de Estado o de Gobierno han confirmado, de momento, su asistencia a las exequias fúnebres del expresidente, informó la ministra sudafricana de Relaciones Exteriores, Maite Nkoana-Mashabane.
- Funeral
- Dado que solo podrán entrar 80,000 personas al estadio FNB Stadium de Soweto en Johannesburgo, el Gobierno habilitará tres campos más con pantallas gigantes para seguir el acto religioso oficial que se realizará mañana en memoria de Mandela.
El expresidente sudafricano Nelson Mandela, fallecido el pasado jueves a los 95 años, logró en Sudáfrica lo que muy pocos consiguieron a lo largo de la historia: que todos los credos aparquen sus diferencias por un instante y recen en memoria de una misma persona.
El Día Nacional para la Oración y la Reflexión, decretado por el Gobierno para honrar a Mandela, ha sido uno de los mayores ejemplos del legado de Madiba (nombre popular del expresidente), la posibilidad de una convivencia sin muros raciales o religiosos.
En todos los templos de todas las religiones se rezó ayer por el alma de Mandela, en un ejemplo de ecumenismo y solidaridad en honor de un líder que supo trascender razas, credos e ideologías.
Johannesburgo, paradigma del desarrollo africano y crisol de cultos, atestiguó esta proeza en cada uno de sus barrios, donde iglesias, sinagogas, mezquitas y templos oficiaron ceremonias en su honor.
“Mandela fue un hombre extraordinario, que hizo mucho por nosotros durante una vida llena de logros y sacrificios. Hoy le honramos por todo lo que nos dio”, dijo Chris Taylor, miembro de la parroquia anglicana de Santo Tomás, en el barrio residencial de Linden, donde los feligreses encendieron una gran vela en su memoria.
Mientras tanto, en el antiguo gueto indio de Lenasia, la comunidad asiática sudafricana acudía a sus templos con Mandela en su listado de oraciones, y en el norte, en el acomodado suburbio de Bryanston, el presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, se sumaba al homenaje religioso a Madiba en una iglesia metodista.
“Mandela predicó y practicó la reconciliación” tras el desmantelamiento del régimen racista del “apartheid”, que combatió durante gran parte de su vida, dijo Zuma, citado por la agencia de noticias sudafricana, Sapa. El presidente subrayó que la muerte de Mandela ha supuesto “una pérdida sin precedentes” para el país.
La parte más festiva, también con oficios religiosos pero con un carácter menos solemne, se vivió en el antiguo gueto negro de Soweto, donde el expresidente vivió durante quince años.
Allí, en la famosa iglesia Regina Mundi, en la que el joven Madiba celebraba asambleas clandestinas junto a sus compañeros del Congreso Nacional Africano, el sacerdote Sebastian Rossouw animó a sus fieles a encontrar un nuevo referente.
“El mundo necesita otro Madiba. Él no puede ser el último”, pidió Rossouw a una congregación donde los coloridos tejidos africanos vencieron a las prendas de luto.
Concluida la hora, Soweto se echó de nuevo a la calle para seguir celebrando a su vecino más ilustre con cantos y bailes colectivos que nadie sabe cuándo cesarán.