El niño de 12 años arrastra los pies torpemente, como si no pudiera dar un paso más. Los botellones plásticos de agua que carga en cada mano golpean sus cansadas piernas.
Ha caído en cuatro ocasiones, raspándose las rodillas. Las espinas de los cactus se le han metido en los zapatos y se le han encajado en los pies.
Una víbora roja y negra repta cerca de él, mientras una tarántula mueve sus patas largas y peludas encima de una roca.
Pero Luis Alberto Damián trata de no pensar en nada de eso.
Según explica después, el niño busca concentrarse en seguir a los 19 emigrantes indocumentados que marchan delante de él en medio de la noche. Piensa también en su madre, que lo espera al final del viaje.
Sin embargo, 15 horas de caminata a través del desierto más agreste de Norteamérica resultan infructuosas. Luis Alberto figuró entre los 35,000 niños detenidos este año mientras trataban de cruzar ilegalmente la frontera hacia EU.
Los activistas dicen que los niños como Luis Alberto reflejan la urgente necesidad de un acuerdo migratorio entre México y Estados Unidos. Ambos Gobiernos prometieron este mes que reanudarían las conversaciones, estancadas a raíz de los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001.
Entretanto, decenas de miles de niños cruzan la frontera cada año, muchos acompañados por extraños, en el viaje más peligroso de sus vidas. En el pasado, los indocumentados solían utilizar actas de nacimiento y pasaportes falsos para lograr que sus hijos cruzaran la frontera.
Sin embargo, las revisiones estrictas impuestas por las autoridades desde el 11 de septiembre han impedido que los indocumentados continúen con ese sistema, y muchos prefieren que sus hijos sean trasladados a través de la frontera en vez de dejar sus ansiados empleos en EU para regresar a México con el fin de reunirse con sus niños, dicen expertos.
Los especialistas temen que el refuerzo de la seguridad fronteriza obligan a los niños a emprender viajes muy riesgosos.
“Parece que la única vía es cruzar por el desierto’’, explica Candelaria Cruz, coordinadora de un refugio coordinado por el Gobierno para los niños mexicanos deportados en Nogales, fronteriza con una ciudad homónima de Arizona.