Más de 300 millones de niños sufren hambre diariamente y de ellos, 100 millones se encuentran en edad escolar, pero no van al colegio porque sus familias no pueden permitírselo por falta de recursos.
Según el último informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el hambre dificulta el aprendizaje y quienes no aprenden bien, son más propensos a sufrir hambre a futuro.
La investigación describe la influencia negativa del hambre sobre el aprendizaje: incluso si los niños desnutridos pudieran ir a la escuela, tendrían problemas a la hora de concentrarse. Para el Premio Nobel de Economía, Kenneth Arrow, el informe es "una prueba abrumadora de los efectos destructores del hambre en la capacidad de aprendizaje de los niños". Esto produce fuertes consecuencias negativas en el desarrollo personal y en la economía.
Según un estudio realizado en Jamaica, los niños con una alimentación deficiente obtuvieron mejores resultados en un test de capacidad lingüística después de haber desayunado.
La investigación muestra, por un lado, cómo el hambre puede disminuir la capacidad intelectual y, por otro, lo útil que puede ser combatir la desnutrición. Si no se crea un círculo vicioso en el que los adultos malnutridos y con una alimentación deficiente traerán al mundo a niños que sufrirán demasiada hambre como para poder crecer o estudiar.
Además, el aprendizaje supone un método eficaz en la lucha contra el hambre. "La educación no sólo consiste en leer y contar. Aporta a las personas conocimientos básicos sobre salud, higiene y nutrición".
Si una niña va al colegio disminuye hasta un 40% el riesgo de que sus propios hijos sufran desnutrición.
Niños sufren de hambre
El hambre dificulta el aprendizaje, situación que ayuda a perpetuar la pobreza social.