El líder cocalero boliviano, Evo Morales pidió en La Paz "parar" las relaciones comerciales con Chile, luego de que el presidente chileno Ricardo Lagos rechazara ceder una franja en la costa del Pacífico a Bolivia en la Cumbre de las Américas que terminó ayer en Monterrey, México.
"Si paramos estas relaciones comerciales, creo que sería una medida pacífica muy acertada para presionar a que Chile revise su posición", dijo Morales en la primera de una serie de reacciones a la nueva negativa chilena.
"Ninguna relación comercial mientras no se resuelva el tema del mar con Chile", urgió. "Ni gas ni agua para Chile", agregó.
Se trata de presionar "para que Chile reflexione" porque "el pueblo de Chile se da cuenta perfectamente que necesita de nosotros, que nosotros no estamos pidiendo algo que no nos corresponde, estamos pidiendo que nos devuelvan el mar que nos arrebataron" en la guerra del Pacífico en 1879, dijo.
Asimismo, pidió empezar en el plazo mediato "las relaciones comerciales con Perú, fundamentalmente". El presidente boliviano Carlos Mesa llamó a Lagos a encontrar una solución "definitiva" a la histórica demanda de salida al Pacífico de Bolivia, durante la Cumbre de las Américas.
"De aquí al 2050, la Tierra tendrá 10,000 millones de habitantes que demandarán cinco veces la energía disponible hoy en día. De aquí a ese entonces, la energía solar de la Luna podría proveer una fuente de energía propia y renovable", explicó David Criswell, profesor de física de la Universidad de Houston (Texas), durante una audiencia del Senado estadounidense el pasado noviembre.
Para este especialista en temas espaciales, autor de tres obras sobre las posibilidades de explotación de la Luna, "ninguna opción terrestre puede proveer la energía" que se requerirá dentro de 50 años.
Queda por definir el costo de un proyecto de ese tipo, que en 1989 le valió una derrota a George Bush, padre del actual presidente, ante un Congreso horrorizado por un desembolso potencial de 400 mil millones de dólares.
Esta vez, se espera que Bush hijo prometa mantener la disciplina fiscal, limitando el crecimiento anual del presupuesto asignado a la NASA al 5% de su dotación actual de 15,000 millones de dólares, es decir, unos 800 millones de dólares al año, provenientes de recortes aún por definir en otros programas espaciales considerados menos prioritarios.