Transcurridos diez años de los ataques del 11-S, Nueva York aún llora a los 2,753 muertos que dejaron los atentados contra las Torres Gemelas y trata de cerrar las heridas que abrieron en una ciudad que respira ahora con cierto alivio, sabiendo que la amenaza del líder de Al Qaeda, Osama bin Laden, no está en el horizonte.
“Hemos recorrido este camino gracias a la fuerza, el espíritu y la capacidad de recuperación de los neoyorquinos, así como al apoyo que hemos recibido de personas de todo el mundo y que nunca olvidaremos”, aseguró el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, sobre el décimo aniversario de la tragedia.

El 11 de septiembre de 2001 la Gran Manzana perdió a casi tres mil inocentes tras un ataque que cambió al mundo dentro y fuera de Nueva York.
Bloomberg reconoce la importancia de este aniversario, pero evita mencionar a Bin Laden o la amenaza terrorista y se centra, como muchos neoyorquinos, en destacar cómo han avanzado las obras de la “zona cero” para la fecha y cómo el Bajo Manhattan se ha recuperado.

“Hace diez años pensamos que las familias se irían y que no habría negocios. Se creyó que, si alguna vez recuperábamos el Bajo Manhattan, nos costaría décadas. Hoy la población de la zona se ha duplicado y hay más negocios que antes del 11-S”, señaló orgulloso.
Sin embargo, este décimo aniversario, además de la revitalización del distrito financiero o la inauguración del esperado monumento a las víctimas, está marcado por la noticia que el pasado 1 de mayo dio al mundo el presidente Barack Obama: Estados Unidos había cumplido la amenaza y Bin Laden había sido eliminado.

Esa noche de domingo, la “zona cero” vio cómo se descorcharon botellas de champán para celebrar una noticia que muchos esperaban desde hacía años, especialmente quienes perdieron padres, hijos, maridos, mujeres o simplemente amigos en unos ataques que siguen pareciendo de ciencia ficción.
“Claro que me alegré con la noticia. Obtuvimos algo de justicia y era algo que necesitábamos”, explicó el presidente de la asociación de las familias de las víctimas del 11-S, Lee Ielpi, bombero retirado que acudió al World Trade Center a ayudar y perdió a su propio hijo, también bombero.
Ielpi reconoció, sin embargo, que, pese al alivio que trajo la muerte de Bin Laden, este país seguirá todavía bajo la amenaza terrorista: “Finalmente encontramos y eliminamos a Bin Laden, pero ahora ¿qué es lo que cambia? Ya hay quien lo ha reemplazado y posiblemente nos tenga más odio. ¿Qué es lo que hemos conseguido?”.
“Para mí, lo único que significa este aniversario es que no he visto a mi hijo en diez años”, dice Ielpi, que participará un año más en la ceremonia en la que Nueva York volverá a llorar a sus muertos.
Allí se reunirán los presidentes que llevarán asociado su nombre al de Bin Laden para siempre: George W. Bush, el hombre que lideró a un país horrorizado tras el 11-S, y Barack Obama, el que ajustició al autor intelectual de la tragedia.
Ielpi recuerda en nombre de algunas de las familias que es “triste” haber “mandado a la muerte a hombres y mujeres maravillosos en Afganistán”.