El nuevo presidente indonesio, Susilo Bambang Yudhoyono, afronta desde ayer el reto de reducir la pobreza y la corrupción, en uno de los países menos transparentes de Asia y que cuenta con 40 millones de desempleados.
En su primer discurso como Jefe de Estado, Yudhoyono prometió combatir la corrupción y acabar con los conflictos separatistas que amenazan con desmembrar el cuarto país más poblado del mundo, con sus más de 220 millones de habitantes.
El general retirado, de 55 años, tomó posesión de su cargo, como el primer presidente elegido por sufragio universal, en el Parlamento en Yakarta, con la presencia de numerosos líderes políticos asiáticos.
Indonesia está considerada como uno de los países más corruptos del Sudeste Asiático.