Un fuerte seísmo de 6.1 grados amplificó ayer la tragedia de los miles de evacuados por la ola de terremotos que sacude desde el sábado el noroeste de Japón, en un día marcado por el dramático rescate de una familia que fue sepultada por un alud de rocas.
Los temblores telúricos no dan tregua a la región de Niigata, en una cadena de seísmos que no cesa y que se ha cobrado al menos 32 vidas y causado heridas a más de 3,000 personas.
Pero quizás el capítulo más dramático de la serie de seísmos ha sido el rescate de una madre y sus dos hijos, sepultados desde el pasado sábado por deslizamiento.
Un niño de dos años fue rescatado ayer luego de sobrevivir cuatro días sepultado. Los equipos de rescate sacaron también ala madre de Yuta Minagawa, Takako Minagawa, de 39 años, de entre los escombros, pero después se informó que estaba muerta. Su hija, Mayu, de tres años, continuaba sepultada.