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Papa critica la corrupción; y les pide a fieles ser firmes

‘Los ricos deben hacer más para poner fin a la ‘cultura del egoísmo’, que ha marginado a los pobres de la sociedad, sentenció el pontífice. El líder de la Iglesia católica criticó a aquellos que buscan su bien personal y llamó a los jóvenes a no desanimarse porque pueden darse cambios.


Río de Janeiro (AP) / -

El papa villero, como es conocido en su natal Argentina, volvió a una barriada ayer al visitar una de las favelas del norte de Río de Janeiro y ofreció un mensaje de esperanza a los habitantes cuando dijo que los ricos deben hacer más para poner fin a la “cultura del egoísmo”, que ha marginado a los pobres de la sociedad.

Fue una clara referencia a las violentas protestas que paralizaron varias ciudades del país en las últimas semanas cuando miles de brasileños, enfurecidos por una rampante corrupción, la mediocre prestación de los servicios públicos y la irrelevancia de la clase política brasilera, se tomaron las calles.

La favela hace parte de una zona extremadamente violenta y conocida por los lugareños como la “Franja de Gaza”.

Pese a las fuertes medidas de seguridad y a una pertinaz lluvia, la presencia de Francisco energizó a los habitantes del lugar, a quienes abrazó y besó, sin importar que fueran bebés, jóvenes, o viejos y bendijo el altar mayor de una iglesia del barrio. Luego rezó frente a una réplica de la patrona de Brasil, la Virgen de Aparecida, y entró a una vivienda amarilla donde visitó a sus moradores.

 

El acceso a la residencia estaba restringido por razones de seguridad y no se pudo saber de inmediato qué conversó o hizo Francisco durante los 10 minutos que duró la visita.

Diego Rodríguez, de 26 años e inspector de un colegio, y amigo de la familia de los moradores de la vivienda, dijo que Francisco saludó a cada persona “y después rezó un Ave María con el grupo... nos dio un rosario a cada uno, se tomó fotos con todos y abrazó a cada uno”.

“Fue muy emocionante, es indescriptible, nunca sentí nada igual, no tengo palabras para describirlo”, dijo el joven que estaba en la vivienda cuando el papa entró. “Creo que todo el mundo se quedó sin habla, a excepción del papa”.

 

Siguiendo el ejemplo del papa Juan Pablo II, quien visitó dos favelas durante un viaje a Brasil en 1980, y la Madre Teresa de Calcuta, que visitó Varginha en 1972, Francisco trajo un mensaje de esperanza a los residentes de la barriada, a quienes pidió que no se desanimaran. “Sean los primeros en tratar de hacer el bien, de no habituarse al mal, sino a vencerlo”, dijo.

Las Misioneras de la Caridad, orden a la que pertenecía la Madre Teresa de Calcuta, han permanecido en la barriada desde entonces.

En un nuevo pronunciamiento político, Francisco criticó la corrupción de aquellos que no buscan sino su bien personal y llamó a los jóvenes a no desanimarse porque la realidad y el hombre mismo pueden cambiar.

 

“Queridos jóvenes, ustedes tienen una especial sensibilidad ante la injusticia, pero a menudo se sienten defraudados por los casos de corrupción, por las personas que, en lugar de buscar el bien común, persiguen su propio interés”, dijo el papa. A todos “les repito: nunca se desanimen, no pierdan la confianza, no dejen que la esperanza se apague. La realidad puede cambiar, el hombre puede cambiar”.

Desde que asumió su pontificado en marzo, Francisco ha sostenido el mensaje de que la Iglesia tiene que estar más cerca de la población y ayudar a los más necesitados.

También hizo un llamado a “quienes tienen más recursos, a los poderes públicos y a todos los hombres de buena voluntad comprometidos con la justicia social: que no se cansen de trabajar por un mundo más justo y más solidario”, agregó.

El pueblo brasileño, “especialmente las personas más sencillas, pueden dar al mundo una valiosa lección de solidaridad, una palabra a menudo olvidada u omitida, porque es incómoda... al punto que parece una mala palabra”, destacó el santo padre al subrayar que “siempre se puede agregar más agua al *feijao*” o los frijoles, o sea que siempre se puede compartir con los demás.

La pequeña comunidad se vio inundada de fieles y escoltas ataviados con impermeables y sombrillas para recibir al jefe de la Iglesia católica, quien caminó hasta el lugar en medio de fieles que se acercaban y a quienes saludaba con la mano o dándoles una palmada en el brazo.

“Es bueno tener un papa que va al encuentro de la juventud, que anda en la lluvia, que pisa este suelo bañado de sangre, que muchas veces es la sangre de nuestra juventud”, dijo el residente de la favela Edgar Manzur.

La lluvia y el frío han sido compañeros inseparables del papa Francisco, que arribó a Brasil el lunes, y de más de un millón de jóvenes que vinieron de muchos países de la región a participar de la Jornada Mundial de la Juventud.

Las principales actividades de esta jornada, prevista entre el 22 y 28 de julio, se celebran en la playa de Copacabana, vigilada constantemente por cuatro navíos patrulla y 22 embarcaciones de menor tamaño, mientras 800 soldados supervisan el tránsito y la movilización de los peregrinos.

Los aplausos y las ovaciones de los miles de asistentes resonaban en la cancha de fútbol de Varginha mientras el papa se dirigía desde lo alto de un palco pintado de blanco y amarillo, los colores del Vaticano.

“No dejemos entrar en nuestro corazón la cultura de lo descartable”, pidió Francisco a los jóvenes entre gritos de los asistentes de “Francisco, yo te amo”.

Entre los brasileños la emoción era intensa y el papa recibió una calurosa bienvenida en su visita a Varghina.

Al conocerse que el papa visitaría Varginha, el siete de mayo, la alcaldía de Río de Janeiro decidió iluminar y asfaltar las calles y recoger la basura.

“Todo aquello que no era parte de lo cotidiano de los moradores (del barrio) se hizo realidad y esperamos que pueda continuar de esa forma”, dijo Irineu.

Al llegar a la barriada, el papa recibió una guirnalda hecha con papel de varios colores, mientras un grupo de niños se le abalanzaron para abrazarlo y besarlo.

Francisco se dejaba tocar y sonreía. “Esto es maravilloso”, dijo Katia Miranda, una comerciante de 34 años. “Esta visita trajo muchas cosas a la comunidad, la limpieza mejoró, la gente se preocupó por arreglar sus casas”.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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