Millares de uzbecos aterrados que trataban de escapar a Kirguizistán quemaron ayer edificios del gobierno en una aldea de la frontera oriental, destruyeron vehículos policiales y atacaron a guardias fronterizos en el segundo día de violencia que, según testigos, dejó cientos de muertos.
El presidente uzbeco Islam Karimov atribuyó a extremistas islámicos la insurrección en Andijan, la cuarta ciudad de esta ex república soviética.
Pero parientes de los muertos denunciaron con furia a las autoridades mientras recogían cadáveres y lavaban la sangre de las calles de Andijan, donde las tropas dispararon contra una multitud en la que había mujeres y niños.
Guardias fronterizos kirguises rechazaron a unos 6,000 uzbecos que intentaban huir de su país.
El presidente ruso Vladimir Putin llamó por teléfono a Karimov para expresar su preocupación por los disturbios y su temor de que todo el Asia Central quede desestabilizada por las protestas. Mientras tanto, un observador de los derechos humanos dijo ayer que vio unos 200 cadáveres subidos a varios camiones en Andiján, luego que la policía disolvió violentamente una protesta multitudinaria.