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Protestas masivas estallan en Brasil por malestar social

El aumento del transporte fue el detonante para que los brasileños de la clase media del país salieran a las calles a protestar contra el Gobierno. Exigen un mejor servicio de salud, educación de calidad y, sobre todo, que las autoridades les hagan frente a los escándalos por corrupción.


Brasilia (EFE) / -

Actividades

  • 2013 Para julio de este año se espera la visita del papa Francisco, quien participará de la Jornada Mundial de la Juventud.
  • 2014 El país suramericano tendrá a su cargo la realización de la vigésima edición de la Copa Mundial desde el 12 de junio al 13 de julio.
  • 2016 Ese año en Río de Janeiro se llevará a cabo la XXXI Olimpiada, entre el 5 al 21 de agosto. Además se tiene previsto realizar los XV Juegos Paralímpicos, también en Río, entre el 7 y el 18 de septiembre.

Las protestas multitudinarias que han sacudido a Brasil en la última semana han revelado un claro malestar social hasta ahora sumergido y que, según analistas, responde a demandas insatisfechas de una sociedad que exige mucho más que poder de consumo.

El lunes unas 250,000 personas ocuparon las calles de 20 ciudades para expresar su disconformidad con el alza del precio del transporte público y el gasto público en la Copa Confederaciones de fútbol, organizada por la Fifa.

Pero también reclamaron por la pésima calidad de los servicios, la corrupción, la inflación, la violencia policial y un sinnúmero de asuntos que desvelan un profundo malestar generalizado hasta ahora contenido y expresado por multitudes ajenas a partidos políticos y sin liderazgos visibles.

Lo que muchos califican de “otoño brasileño”, en alusión a la “primavera árabe”, ha sorprendido al Gobierno y a los analistas en un país que en los últimos años ha sido considerado modelo de paz social y de planes de erradicación de la miseria, distribución de renta y políticas públicas volcadas a favorecer a los más pobres.

 

Sin embargo, esa concentración del esfuerzo oficial en los menos favorecidos ha dejado de lado a las clases medias, que además se han engrosado gracias a esas políticas de reducción de la pobreza.

Así lo considera la analista Tereza Cruvinel, quien dijo que, en los últimos años, durante la gestión de Luiz Inácio Lula da Silva y ahora en el Gobierno de Dilma Rousseff, “se atacaron los males en la base de la pirámide social, pero se relegó a las clases medias”.

De acuerdo a datos oficiales, desde 2003 unos 40 millones de personas han salido de la pobreza y pasaron a integrar una clase media que “tiene nuevas demandas, más urgencias y no se conforma solo con consumir”, dijo Cruvinel.

Sin embargo, admitió también que esa clase media en realidad no ha llegado aún a niveles de vida “satisfactorios” y que una mayoría de ella todavía se mantiene empobrecida.

“Se ha idealizado un poco” en relación a la verdadera situación del país, “el dique de las insatisfacciones se ha roto” y las clases medias “nueva y vieja” se han unido en “nuevos reclamos”, precisó.

El criterio que establece las divisiones sociales en Brasil, definido por la Secretaría de Asuntos Estratégicos del Gobierno, dice que la clase media está compuesta por familias con ingresos mensuales de entre 291 reales ($145.00) y 1,019 reales ($509.00).

Esa franja social, según datos oficiales, representa el 54% de la población y carece en su mayoría de servicios públicos de calidad, sea en el ámbito de salud, educación o el transporte, cuyas tarifas subieron a principios de mes y fueron el detonante de las protestas.

El techo de ingresos de esa clase media no llega a los 400 euros ($536.00), que, en media, recibe un desempleado europeo que, además, cuenta con servicios heredados del Estado del Bienestar que, deteriorados hoy por la crisis, aún persisten, apuntó Cruvinel.

“No es por centavos, es por derechos”, es una frase que se leyó en muchas pancartas mostradas por los manifestantes en casi todas las protestas ocurridas en decenas de ciudades y resume, según los analistas, el sentimiento que mueve las manifestaciones.

En la prensa brasileña menudean las noticias sobre la delicada situación de la red de salud pública, en la que pacientes llegan a morir a la espera de atención o esperan días, semanas y hasta meses para ser recibidos por un médico.

El transporte público, que al parecer ha sido la gota que derramó el vaso de la insatisfacción, es caótico en buena parte de Brasil.

Un reciente informe oficial dice que en São Paulo la demanda de transporte público aumentó un 80% en los últimos ocho años, periodo en el que la oferta se mantuvo intacta.

Al cierre

A últimas horas de la noche se registraron nuevas protestas y se calcula que unas 50 mil perosna participaron en las mismas.

Un pequeño grupo de manifestantes atacó la Alcaldía de Sao Paulo y obligó a la guardia municipal a refugiarse dentro del edificio.

Posteriormente lanzó vallas y objetos contra las ventanas, provocando la ruptura de varios cristales, y pintó grafitis en las paredes.

Sin embargo, poco después otro grupo de manifestantes restableció las vallas frente al Ayuntamiento e hizo un cordón humano para evitar los actos violentos contra el edificio, mientras gritaba “sin violencia”.

Los integrantes de la protesta abuchearon a personas que llevaban banderas de partidos, en un intento de mantener la movilización sin una adscripción política.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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