Pensamiento
- Normandía, 70 años después del Día D, sigue siendo testigo de las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial. Veteranos extranjeros y civiles locales, ya nonagenarios, relatan lo que difícilmente compartieron a lo largo de su vida. A la vez que afirman que el mundo no ha aprendido del sacrificio hecho entonces, su testimonio permite comprender que en guerra no hay buenos y malos. Y que quizás, y sólo quizás, hay males menores necesarios, pero son increíblemente duros de asumir y conllevan un sacrificio casi inadmisible. El poder contarlo, no siempre sin conmoción, no es más que el resultado del amargo y a la vez dulce paso del tiempo.
Avenida de la Liberación, Calle del Desembarco, Bulevar de los Aliados, Avenida 6 de Junio. Transitando por los pueblos de Normandía (Francia) es imposible no percibir hasta qué punto es importante el Desembarco como parte irrenunciable de la Historia. No es casualidad que, fuera de Francia, Normandía sea sinónimo de Segunda Guerra Mundial y, más concretamente, del principio del fin.
Al margen de los actos oficiales, cuando se cumplen 70 años de la sufrida llegada de los aliados a las playas de Utah, Omaha, Gold, Juno y Sword; el conocido como Día D sigue estando muy presente en la memoria y la cultura local de esta zona del norte de Francia.
“La llegada de los estadounidenses, los británicos y los canadienses significó el poder liberar a Europa del nazismo”, comenta frente a las playas de Arromanches (Gold) Jean-Pierre, de 70 años, orgulloso de tener la misma edad de la Operación Overlord. Un cartel institucional, a 200 metros de él, es elocuente acerca de la efeméride: “Todos cumplimos 70 años”.
El arte cinematográfico tiende a mitificar los conflictos armados como empresas heroicas, y Normandía no es una excepción. Pero incluso las victorias más célebres esconden una faceta menos solemne: la del sufrimiento de la población civil. Y Normandía también es testigo de ese dolor.
Difícil olvidar
La generación que vivió la Segunda Guerra Mundial con los ojos de un adulto es la que nunca habla de cómo se sintió durante el conflicto. “Mi abuela se entristecía al pasear por estas costas, y más aún si se acercaba el 6 de junio”, cuenta Peggy Laronche, de 37 años, habitante de Vierville-Sur-Mer.
“Mis abuelos nunca me contaron cómo fue la guerra, aunque yo les preguntara. Todo lo que sé lo aprendí en la escuela”, añade.
Buscando a mayores que pudieran haber vivido los años 40 en Caen, la capital de la Baja Normandía, se va confirmando una constante: para la mayoría de ellos, es como si el verano de 1944 nunca hubiera existido.
“Es un tabú, han necesitado toda la vida para olvidar todo lo que les ocurrió, tanto en los 4 años de ocupación nazi como en la Batalla de Normandía”, explica Olivier Hoffer, vecino de Bernièrs-Sur-Mer. Y explica: “Pero a veces te sorprendes porque con 90 años cuentan lo que no hacían con 70”.
En Caen es tan difícil y doloroso olvidar, como recordar. Al contrario de ciudades como Bayeux, que permanecieron relativamente intactas; la localidad de Caen, con una importante presencia alemana, fue ampliamente destruida por los aliados, convirtiéndose en una auténtica “ciudad-escombro”. El balance final fue de 14,000 víctimas civiles sólo en la Baja Normandía.
Quien puede hablar del Desembarque de Normandía como si fuera ayer es Colette Marine-Catherine, en aquel entonces enfermera voluntaria en Bretteville-l'Orgueilleuse, al oeste de Caen. Con sólo 15 años ayudaba a su madre, también enfermera, a curar a los heridos civiles franceses.
“Recuerdo cuando empezaron a verse los primeros bombardeos en el horizonte. Un alemán llegó a gritar ¡El mar ha desaparecido! ¡Sólo hay barcos!, comenta Colette.