El presidente ruso, Vladimir Putin, anunció ayer que aumentará el dispositivo militar en el Cáucaso norte, un reconocimiento implícito, después del ataque rebelde que dejó cerca de un centenar de muertos en Ingushetia el martes, de que la segunda guerra chechena está lejos de concluir.
Si el 2003 ha sido considerado como el año de la normalización con el referéndum constitucional, la elección presidencial en Chechenia y los anuncios de reducción o de chechenización del dispositivo de seguridad, el 2004 parece ya el del engranaje de la violencia: el presidente Akmad Kadyrov fue asesinado en un atentado y el conflicto checheno, lejos de apagarse, parece propagarse a la vecina Inguchia.
A la muerte de Kadyrov, el Kremlin no anunció que reforzaría el dispositivo en Chechenia y apostó por la continuación de la normalización de la vida en la república, bajo gran vigilancia policial y militar. Pero después del atentado en Ingushetia la reacción no ha sido tan reservada.