Las protestas que sacudieron a Brasil en junio pasado y la decisión del papa Francisco de utilizar un "papamóvil" abierto durante la visita que hará al país la próxima semana, obligaron a las autoridades brasileñas a reforzar la seguridad para la llamada Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).
El alcalde de Río de Janeiro, Eduardo Paes, afirmó que la movilización de cerca de 1.5 millones de personas durante al menos los tres días en los que habrá actos multitudinarios exigirá una operación logística y de seguridad similar a la que es montada cada año durante el Carnaval.
El plan inicial de seguridad durante la visita que el pontífice realizará a las ciudades de Río de Janeiro y Aparecida entre el 22 y el 28 de julio preveía la movilización de 12,000 militares y policías, número ahora elevado a cerca de 14,000, entre los cuales 10,200 son miembros de las Fuerzas Armadas.
El enorme contingente obedece a que, además se garantizará la seguridad de los millones de fieles que participarán en las actividades de la Jornada Mundial de la Juventud.