Las cinco familias sirias refugiadas en Uruguay que acampan en reclamo de que se les permita ir a otro país vivieron el martes un momento de tensión cuando fueron increpadas a los gritos por varios transeúntes.
"íEn ningún lado les abren los brazos como en Uruguay! A todos los que llegan a trabajar el Uruguay les abre los brazos. Ellos tienen casa y ayuda del gobierno que sale de nuestros bolsillos", dijo a viva voz Ernesto Nievas, un profesor de un programa de reconversión laboral.
Detrás de él una mujer gritaba ``Uruguay no los quiere. íMire la mugre que tienen!'', mientras otra señora se quejaba: "íDicen que no tienen dinero, pero mire los celulares que tienen!".
Otros peatones, sin embargo, se acercaron para darles comida y bebida a los sirios que acampan por segundo día frente a la sede de la presidencia en Montevideo molestos con el programa de acogida del gobierno uruguayo.
A pocos metros de allí la profesora Lourdes Busakr abrazaba a Nada Alshebli, una de las refugiadas. Busakr fue su profesora en un instituto de secundaria en Juan Lacaze, una pequeña ciudad 150 kilómetros al oeste de Montevideo donde los Alshebli estaban establecidos.
"Apenas me enteré vine para Montevideo. Son horribles las cosas que se están diciendo. Yo tuve el privilegio de conocer a esta gente y quiero dar fe de sus valores, de su honestidad, de que son gente de trabajo", dijo la profesora.
Nada Alshebli, de 18 años, apenas pudo contener las lágrimas."Pasamos mucho frío anoche. Los niños lloraron. También nosotros'', dijo a The Associated Press. Su hermano Ibrahim, de 21 años, se mostró apenado: "Nadie vino a ayudarnos''.
En Juan Lacaze el padre de los Alshebli criaba ovejas y cultivaba hortalizas. Nada y una de sus hermanas hacían comida para vender y otra hermana, Fátima, hacía depilaciones. "Con verduras sacábamos poco dinero, un mes ni siquiera alcanzó para pagar la cuenta de electricidad. A mis hermanas no las dejaron seguir haciendo comida porque dijeron que tenían enfermedades. Y mi hermana que hace depilaciones tenía apenas una cliente por semana'', dijo Ibrahim Alshebli.
Los sirios reclaman que se les permita irse de Uruguay ya que encuentran que el país es caro y falto de oportunidades.
"El plan de ayuda del gobierno es por dos años y ya pasó uno. Yo trabajo en un hospital, mi sueldo es muy poco, 11.000 pesos (unos 380 dólares). Tengo esposa y tres hijos chicos. ¿Cómo haré para vivir cuando la ayuda termine?", dijo el lunes a AP Ibrahim Al Mohammed, jefe de otra de las familias.
La familia Aldees regresó recientemente a Montevideo luego de pasar 20 días retenida en el aeropuerto de Estambul, donde un documento emitido por el Estado uruguayo no fue aceptado por carecer de visa, según la Secretaría de Derechos Humanos.
Los refugiados no tienen pasaporte ya que ese documento se otorga sólo a quien tiene la nacionalidad uruguaya.
Javier Miranda, secretario de Derechos Humanos y responsable del plan de acogida de los sirios, dijo a AP que parte de la molestia se generó por lo que le ocurrió a la familia Aldees. "Yo los entiendo. Ven que salir de Uruguay es muy difícil... Pero el documento de viaje que les otorgó Uruguay es un documento válido".
Miranda aseveró que el plan de acogida de Uruguay permite a los refugiados sirios llevar una vida digna y que las ofertas laborales a las que acceden son las mismas a las que accede la mayoría de los uruguayos.
Un grupo de 42 refugiados sirios llegó a Uruguay en octubre de 2014 en un plan de ayuda impulsado por el entonces presidente José Mujica (2010-2015). Un segundo grupo de 72 sirios debía llegar en febrero, lo que no ocurrió hasta el momento. El canciller Rodolfo Nin Novoa sostuvo que la segunda tanda llegará en noviembre o diciembre.
Refugiados sirios dividen a la sociedad uruguaya
Son cinco familias que argumentan que Uruguay es un país muy caro y no tienen oportunidades para una mejor vida, por lo que piden al gobierno irse a una tercera nación.