Representantes de la Iglesia católica alemana y organizaciones laicas recibieron con respeto y alivio la renuncia del obispo de la ciudad alemana de Ausgburgo, Walter Mixa, quien abando nó su cargo después de admitir haber maltratado físicamente a niños de un orfanato.
“Nosotros, la Conferencia Episcopal alemana, respetamos y admiramos esa decisión”, dijo su presidente, Robert Zollitsch, en opinión de que el obispo Mixa quiso con ello permitir un nuevo comienzo a la Iglesia católica. “Esa difícil decisión merece un gran respeto”, enfatizó en Bonn.
Del mismo modo se manifestaron los obispos de Baviera, donde se ubica Augsburgo, y el obispo de la ciudad de Limburg, Franz-Peter Tebartz-van Elst, quien aseguró que la decisión no solo ayudará al obispo Mixa, sino a toda la Iglesia alemana.
En una carta dirigida al papa Benedicto XVI ayer, Mixa presentó su renuncia al Obispado de Augsburgo así como al de capellán de las Fuerzas Armadas alemanas. El Vaticano aún no se ha pronunciado, sobre este caso, pero se prevé que aceptará la renuncia.
El obispo, que el domingo cumple 69 años, justificó su renuncia diciendo que las discusiones públicas acerca de su persona afectaron duramente a sacerdotes y creyentes.
Mixa había reconocido anteriormente haber golpeado a internos del orfanato cuando era párraco de Schrobenhausen, en Baviera, entre 1975 y 1996.
Sin embargo, las víctimas hablaron de brutales palizas, mientras Mixa apenas reconoció un par de bofetadas.
Otra renuncia.
El papa Benedicto XVI aceptó la renuncia del obispo irlandés James Moriarty, por su papel en el encubrimiento de abuso de menores por parte de sacerdotes en Dublín.
Este es el tercer obispo irlandés que renuncia en los últimos cuatro meses.
Moriarty es uno de los tres obispos identificados en una investigación ordenada por el Gobierno, y publicada el año pasado, sobre décadas de encubrimiento de abuso de menores en la arquidiócesis de Dublín.
El informe de noviembre no acusó a Moriarty de ningún encubrimiento específico. Pero el obispo ofreció su renuncia después de admitir que por una cuestión de responsabilidad personal debió haber objetado la práctica de impedir que trascendieran las denuncias.