Andrew Pask, quien dirigió el equipo del departamento de Zoología de la Universidad de Melbourne que realizó el experimento, explicó que es la primera vez que se utiliza el ADN de una especie desaparecida "para inducir una respuesta funcional en otro organismo vivo".
"Podemos repetir la misma prueba con otros animales extintos como los mamuts o los dinosaurios, de los cuales tenemos muchísimo ADN y aprender cómo funcionaban parte de sus genes", indicó Pask, quien subrayó que el descubrimiento abre las puertas a muchos experimentos.
Opinó que ideas hasta ahora reservadas a la imaginación o películas como "Parque Jurásico" podrían convertirse en realidad, y medio bromeó al poner como ejemplo la posibilidad de crear un ratón con alas de pterodáctilo.
"Esto no creo que sea posible, pero es un ejemplo para que se entienda cómo podemos seguir ahora la investigación", dijo.
Según Pask, "continúa abierta la posibilidad recrear al completo la secuencia de ADN del animal, una posibilidad que plantearon los científicos del Museo de Australia".
Abre puertas.
El experimento abre otros horizontes, ya que puede permitir llegar a saber cómo era la piel de los dinosaurios o si tenían la sangre fría o caliente, o conocer los secretos que puedan guardar genes en los fósiles de los hombre de Neandertal.
La investigación, que fue llevada a cabo por Pask y su colega Marilyn Renfree, empezó cuando lograron extraer eslabones del gen Col2a1 de cuatro ejemplares de tigre de Tasmania o "thylacinus" de 100 años de antigüedad que habían sido preservados en etanol en el Museo de Victoria.
Ensamblaron los fragmentos y formaron un gen que participa en el proceso de crecimiento óseo y que es similar a un gen que tiene el ratón.
Conseguido el gen, le añadieron una bacteria que produce el color azul y lo integraron en un embrión de ratón.
Pask señaló que el cartílago en los huesos en desarrollo del ratón embrionario creció de color azul, lo que demuestra que el gen del tigre funcionó perfectamente.
Hace nueve años, el ex director del Museo de Australia, Mike Archer, descubrió un embrión de este pequeño tigre-marsupial en un frasco olvidado en el almacén de la entidad.
La muestra fue enfrascada en 1866 y si bien se creyó que el ADN estaba en perfectas condiciones para poder devolverlo a la vida, Pask dijo que la realidad no fue así.