La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, aseguró hoy estar "feliz como raras veces" a lo largo de su vida por haber asumido la Jefatura del Estado, aunque manifestó que esa alegría se confunde con la tristeza que siente por despedir a su antecesor, el ex presidente, Luiz Inácio Lula da Silva.
"Estoy feliz como raras veces estuve en mi vida", dijo Rousseff minutos después de recibir la banda presidencial de manos de Lula en el Palacio de Planalto, sede del Ejecutivo brasileño.
La mandataria agradeció la "oportunidad" que le ofrece la historia tras haberse convertido en la primera mujer en alcanzar la presidencia del mayor país de América Latina, en un discurso pronunciado en el "parlatorio", una tribuna al aire libre situada en la parte exterior del edificio.
Rousseff hizo mención en múltiples ocasiones al ya ex presidente Lula de quien dijo haber aprendido de su "inmensa sabiduría" y a quien describió como un "líder enamorado de su país y de su gente".
Asimismo, aseguró que "la tarea de suceder al presidente Lula es desafiante", calificó de "honra" haber trabajado a su lado y se comprometió una vez más a preservar su legado.
"La voluntad de cambio de nuestro pueblo llevó a un obrero a presidente de Brasil. Su esfuerzo, dedicación y nombre ya están grabados en el corazón del pueblo, el lugar más sagrado de nuestra nación", declaró.
Rousseff agregó que, tras la elección de Lula, el pueblo brasileño volvió a incurrir en "una nueva osadía" al escoger a una mujer para el cargo de mayor responsabilidad del Estado.
"La valoración de la mujer mejora nuestra sociedad y da valor a nuestra democracia", apostilló.
La jefa del Estado quiso rendir homenaje al ex vicepresidente brasileño José Alencar, quien se encuentra hospitalizado en Sao Paulo y no ha podido asistir a su ceremonia de investidura.
En opinión de Rousseff, Alencar es "otro gran brasileño, incansable luchador", de quien dijo que representa un "ejemplo de coraje y de amor a la vida", algo que manifestó también en su primer discurso, en el Congreso.
La presidenta agregó que el recién nombrado vicepresidente, Michel Temer, y ella se sienten "responsables" de continuar el camino iniciado por Lula y Alencar y se comprometió a cuidar "con mucho cariño de los más frágiles y más necesitados", así como a gobernar para todos los brasileños.
"Mis manos están abiertas y extendidas", dijo Rousseff para añadir que quiere gobernar con "espíritu de unión" y aseguró que sus prioridades son la educación, la salud, la seguridad y la lucha por erradicar la pobreza.
"Ya hicimos mucho en los últimos ocho años, pero todavía queda mucho por hacer", agregó la presidenta, quien dijo que comparte el mismo "sueño" que todos los ciudadanos: poder ofrecer oportunidades mejores a las nuevas generaciones.
"Si todos trabajamos por Brasil, Brasil nos devolverá el doble", afirmó la mandataria.
Posteriormente, Rousseff recibió las felicitaciones de los dignatarios internacionales presentes en la ceremonia y luego procedió a firmar los nombramientos de los ministros que integrarán su Ejecutivo.
Los actos oficiales de investidura se cierran con un cóctel para invitados especiales en el Palacio Itamaraty, sede de la cancillería brasileña.