El canciller alemán, Gerhard Schroeder, y su ministro de Asuntos Exteriores, Joschka Fischer, arrancaron ayer entusiasmo popular en un insólito "mano a mano" electoral ante la emblemática Puerta de Brandeburgo, en el que demostraron estar a la altura de su reputación como los políticos más apreciados del país. Era la primera vez que dos políticos de dos partidos distintos, aunque de la misma coalición, celebraban un acto electoral conjunto.
A una semana de los comicios generales, Schroeder quiso demostrar en público que su objetivo es continuar la coalición actual y en particular seguir trabajando con su ministro de Exteriores, el político predilecto de los alemanes.
"No sólo se trata de votar por una política concreta. Se trata también de elegir a personas. Schroeder y yo estamos personalmente a elección", resumió Fischer el sentido de este mitin, en el que ambos fueron aclamados como estrellas más que como políticos.
El guión del acto había previsto, de hecho, que se desarrollara más como un espectáculo que como un clásico mitin electoral, pues de las seis horas que duró tan sólo una corrió a cargo de los dos políticos. En sus intervenciones, el canciller y el ministro hicieron un repaso completo de su repertorio electoral, poniendo especial acento en los temas sociales y en la política exterior.