Seis personas resultaron muertas y 15 heridas por ataques de cazabombarderos de Estados Unidos y Gran Bretaña en la zona de exclusión aérea del sur de Irak, informaron ayer fuentes oficiales iraquíes.
Los ataques sucedieron después de que los aparatos norteamericanos y británicos ampliaran los blancos de sus incursiones en el área para reducir la capacidad de respuesta iraquí ante una eventual ofensiva masiva.
Precisamente en la zona de los ataques el régimen de Bagdad había limitado en las últimas horas los movimientos de los escudos humanos que tenían previsto desplazarse a ella con el argumento de que no podría garantizar su seguridad.
Irak destruyó ayer seis misiles prohibidos de tipo Al Samud 2, bajo la supervisión de la ONU y siguió esforzándose por aclarar lo ocurrido con las armas y agentes químicos y biológicos que asegura haber eliminado en 1991, anunció la ONU en Bagdad.
Además, un científico iraquí fue interrogado en privado por expertos de la Comisión de Control, Verificación e Inspección de la ONU (UNMOVIC), con lo que ya son tres los interrogatorios de ese tipo efectuados desde el viernes. El portavoz de la ONU en Bagdad, Hiro Ueki, añadió en un comunicado que se habían destruido también dos ojivas vacías de Al Samud 2.
Esos materiales fueron aplastados por excavadoras en las instalaciones militares de Al Taji, cerca de Bagdad, en presencia de inspectores de la ONU, según el método elegido por los iraquíes.
La Casa Blanca afirmó ayer que dejar al líder iraquí Sadam Hussein en su cargo en caso de una guerra contra Irak "no será una opción".
"Nadie debe pensar" que permanecerá como presidente si el presidente George W. Bush ordena una intervención militar en Irak, dijo el portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer. "Eso dejará a Sadam Hussein al timón para que más adelante pueda rearmarse", indicó. "Esa no es una opción", agregó.