Mientras que en La Habana, aunque era una noticia esperada, no dejó de causar conmoción.
Armando, de 69 años, recibía la noticia con lágrimas, mientras Alberto, de 32 años, profesional del sector de servicios, conjeturaba sobre la posibilidad de que Castro, de 81 años, hubiera tomado la decisión tras haber tenido "una recaída".
En la pequeña Habana (Miami), en el café Versalles, epicentro de la vehemencia patriótica anticastrista, los parroquianos coincidieron en comentar que la jubilación de Castro significa el término de una "era, pero no el fin del castrismo".