El debate realizado en la Comisión de Población, Ambiente y Desarrollo de la Asamblea Nacional contó con la participación de representantes de instituciones gubernamentales y organizaciones ambientalistas.
El primer artículo del anteproyecto declara santuarios balleneros todas las aguas territoriales, la zona contigua y la zona económica exclusiva sobre las cuales Panamá ejerce soberanía y jurisdicción.
Igualmente se establece la creación de la Autoridad Administrativa del Santuario Ballenero de Panamá (AASBP), entidad que se encargaría del cumplimiento de las normas establecidas en la ley.
Fue precisamente este punto que generó una polémica entre los asistentes, porque se indicó que la AASBP interferiría con las funciones de otras instituciones como la Autoridad Marítima de Panamá (AMP), y la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM).
Indira Durán, representante de la ANAM, indicó que la institución es la encargada de velar por la protección de la fauna panameña, por lo cual no debería crearse una autoridad exclusivamente para la administración del santuario ballenero.
Igualmente Juan Ramón Sevillano, apoderado de La Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza (ANCON), recomendó establecer una comisión Interinstitucional entre la AMP, la ANAM y el Servicio Marítimo Nacional.
"Considero que no debe denominarse autoridad al ente encargado de la administración del santuario ballenero, porque no está facultado para imponer sanciones", agregó Sevillano.
Por su parte el diputado presidente de la Comisión de Población, Ambiente y Desarrollo, Milciades Concepción, indicó que las sanciones para los que violen las normas del santuario ballenero están en la ley que establece los delitos ecológicos.
Por su parte Gabriel Despaigne, director de la Asociación Verde de Panamá, principal propulsor de esta ley, señaló los beneficios que obtendría nuestro país al crear un santuario ballenero. "Tan solo con el avistamiento de ballenas Panamá podría obtener ingresos cercanos a los 100 millones de dólares al año", afirmó.
Aunque el turismo de avistamiento de cetáceos sería provechoso, hay que reglamentar esta actividad dentro de la ley, porque de no controlarse pude ser tan grave como la cacería misma, expresó Héctor Guzmán, del Instituto Smithsonian (STRI).
Explicó que las ballenas serían acosadas por los turistas y esto provocaría que se alejaran de las costas panameñas en busca de aguas más tranquilas.
Al culminar el debate se decidió establecer una subcomisión que se encargará de analizar las modificaciones presentadas e incluirlas dentro del proyecto para su discusión.
Los científicos han señalado que las ballenas llegan a aguas panameñas por su calidez, lo que les permite dar a luz y amamantar a sus crías.
Los escenarios escogidos por las ballenas en Panamá para pernoctar se ubican en Punta Mala, Las Perlas, Taboga, San Blas y Bocas del Toro.
Una ballena puede procrear cada tres años. La gestación de las crías dura de 10 a 12 meses. Estas crías, que pesan cerca de 2 toneladas al nacer y miden 4,5 metros, crecen muy de prisa, dejando de tomar leche de la madre entre los 7 y 12 meses después de nacer.
Ningún barco de la marina mercante panameña se dedica a la cacería de ballenas.
ver ilustración en la página A10 del diario impreso.