Los jefes de Estado y de Gobierno de la UE celebran mañana una cumbre en la que esperan que el primer ministro británico, David Cameron, dé pistas sobre los plazos para notificar la salida del Reino Unido de la Unión y sobre la nueva relación que el país quiere entablar con los restantes 27 socios.
Las instituciones comunitarias han insistido en que Londres debe comunicar "lo antes posible" a los demás Estados miembros su decisión de marcharse de forma oficial tras el histórico referéndum del pasado jueves, en el que el 51.9% de los británicos apoyaron abandonar la Unión Europea (UE), aunque admiten que "no es una opción realista" esperar esa notificación mañana.
Cameron, que ha visto como la victoria del "brexit" ha sumido al país en una profunda crisis interna, anunció el mismo viernes su intención de dejar el cargo de primer ministro para octubre y su deseo de que sea su sucesor el que active el artículo 50 del Tratado de Lisboa, que inicia oficialmente el proceso de retirada.
Los Gobiernos nacionales consideran que sería mejor no alargar la incertidumbre hasta octubre, pero mientras unos dicen que "tampoco hay que precipitarse", otros son partidarios de dar poco margen a Londres.
"Hay que mostrarse riguroso, serio y exigente" porque, de lo contrario, "se da alas a los demás" para que sigan el ejemplo británico, explican fuentes diplomáticas.
Reconocen que, "jurídicamente, no hay manera de obligar" al Reino Unido a activar el artículo 50, pero sostienen que si Londres retrasa "sine die" la notificación formal, hay socios comunitarios que ya han planteado la posibilidad de recurrir al artículo 7 del Tratado, que supone suspender el voto británico en el Consejo de la UE.
Estas mismas fuentes niegan, no obstante, que exista un espíritu de venganza, aunque admiten que "igual a algún Estado miembro se le ha escapado una amenaza acerca de llevarse a los bancos" británicos.
El ministro de Finanzas francés, Michel Sapin, ha admitido abiertamente que Francia estaría interesada en atraer actividades de mercado situadas en Londres a la plaza financiera de París, una ambición que comparten Fráncfort y Amsterdam.
"A partir de ahora, la relación con el Reino Unido cambia", sostienen las fuentes, que también explican que se pasará a "aplicar las reglas con rigor y no con la benevolencia reciente" en cuestiones como las normas fiscales.
La UE concedió en 2015 al Reino Unido dos años adicionales para situar su déficit público por debajo del 3% del PIB que marca la legislación comunitaria.
Más allá de los plazos de notificación, los Estados miembros esperan una "discusión franca" con Cameron a lo largo de la cena de trabajo, en la que ofrezca explicaciones sobre la relación que el país quiere entablar con la UE.
Claves
Tratan de evitar la caída
El secretario del Tesoro británico intentó el lunes tranquilizar los mercados ante la preocupación de los inversionistas sobre las consecuencias de que Gran Bretaña abandone la Unión Europea. En su primera aparición pública desde el referendo del jueves —que respaldó la salida británica de la UE—, George Osborne intentó calmar a los mercados. Con actitud calmada, afirmó que la economía británica podrá soportar las ondas de choque creadas por la votación y que está en una posición mucho mejor de lo que estuvo al iniciar la crisis financiera de 2008.
”Los próximos días no serán un paseo”, dijo, añadiendo que Gran Bretaña está “equipada para cualquier cosa que pueda ocurrir”.
Los jefes de Gobierno de Alemania, Italia y Francia tenían previsto reunirse en Berlín para comentar la votación.