U na joven de la etnia Han, quien erróneamente entró en un dormitorio de la etnia Uigur, desató el pasado domingo una de las más sangrienta revuelta entre estos dos grupos en la ciudad de Xinjiang, la provincia más grande de China.
Los enfrentamientos dejaron 184 muertos, la mayoría pertenece a la etnia Han, según el Gobierno chino; sin embargo, el Congreso Mundial Uigur asegura que los disturbios son consecuencia de décadas de discriminación a su pueblo, y que en ellos han muerto 800 personas.
Por su parte, el Gobierno chino aseguró que los disturbios del pasado domingo en Urumqi fueron actos premeditados llevados a cabo por musulmanes uigures, entre los que se hallaban "activistas separatistas" que recibieron entrenamiento de Al Qaeda y otras organizaciones terroristas internacionales.
Religión.
Los uigures practican la religión musulmana y tienen su propio idioma, de origen turco, perteneciente a las lenguas altaicas de Asia Central.
Este grupo siente un gran resentimiento hacia el Gobierno central de Pekín porque consideran que está diluyendo su cultura con el envío de chinos han a la región, no respeta la libertad religiosa y está extrayendo sus abundantes recursos naturales, entre otros gas y petróleo, mientras Xinjiang sigue siendo una de las zonas más pobres del país.
Poseen un profundo sentimiento nacionalista, y muchos sueñan con la escisión de Xinjiang, que llaman Turkestán Oriental.
Parte de la región fue parcialmente independiente en algunos periodos de su historia, con el reconocimiento de la Unión Soviética. Pero en 1949 fue invadida por los ejércitos de Mao Zedong.
Desde entonces ha sido cuna de un movimiento separatista, con ocasionales atentados mortales, principalmente contra las fuerzas de seguridad chinas.
Por otro lado, la ideología comunista no casaba con el Islam: las mezquitas fueron víctimas habituales de la Guardia Roja en toda China, especialmente en los tiempos de la Revolución Cultural (1966-76), cuando las poblaciones fueron sometidas a programas de "reeducación", lejos de sus hogares.
Con la apertura económica, la ira directa se apaciguó y en 1978 se liberalizaron las políticas represivas, aunque las tácticas del Partido Comunista de China (PCCh) se volvieron más sibilinas.
Aplicando una política de colonización dentro del propio país, Pekín organizó grandes migraciones de chinos han a las regiones musulmanas, con el fin de adaptar estas provincias (Xinjiang, Gansu y Qinghai, las más occidentales) al ideario de la nueva China.
Pekín, que en 2001 dio el sello de "oficialidad" al Islam -lo que permite cementerios separados para los musulmanes, fiestas en las fechas señaladas y la posibilidad de cumplir el rito de peregrinar a la Meca, entre otros beneficios-, siempre ha recelado de los musulmanes chinos, especialmente entre las minorías.
Todavía, por ejemplo, impide el uso de textos del Corán que no estén aprobados por el régimen comunista, que teme la influencia de comunidades musulmanas de países como Irán, Arabia Saudí o Turquía.
Censura.
El Gobierno chino impuso una estricta censura sobre la información que sale de Urumqi de los enfrentamientos del domingo y las manifestaciones que se han producido después. Las autoridades cortaron las líneas de teléfono internacionales, tanto de fijo como de móvil, y han bloqueado Internet y el servicio de mensajes Twitter. Un apagón informativo que está afectando no sólo a los ciudadanos locales y las noticias que recibe el resto de China, sino también a la prensa internacional.
Acusaciones.
Activistas como Rebiya Kadeer (exiliada en EE.UU. y propuesta en varias ocasiones al Nobel de la Paz) acusan a Pekín de utilizar la manida "lucha contra el terrorismo internacional" para reprimir a los uigures y otras poblaciones musulmanas.