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Un mundo feliz para los damnificados del terremoto en Perú por cuenta de Hugo Chávez


Vivieron en humildes casas de adobe, lo perdieron todo en el terremoto de hace un año y hoy pasean orgullosos por una urbanización flamante, con jardincitos y parque infantil, donde disfrutan de una casa propia.

Lo llaman "las petrocasas" y son un regalo del pueblo hermano de Venezuela y de su comandante en jefe, Hugo Chávez Frías.

Pareciera que estamos en la impecable periferia de alguna ciudad norteamericana. No hay basura por el suelo, ni perros callejeros, ni feos cables eléctricos que surcan el cielo. Solo se ven niños en el parque y flores en el parterre.

El contraste es mayúsculo teniendo en cuenta que los vecinos inmediatos de las "petrocasas" son los moradores de una humilde barriada de adobe de Chincha Alta, uno de los llamados "pueblos jóvenes", eufemismo que designa a esas concentraciones salvajes de chabolas sin agua corriente y con luz robada, donde abunda la población sin oficio ni beneficio.

Sus privilegiados vecinos, que antes vivían exactamente como ellos y tuvieron la desgracia (o la suerte) de perder su casa en el terremoto del año pasado, viven ahora en la "Habilitación Urbana Simón Bolívar", pomposo nombre que ya ha sido simplificado en "las petrocasas".

Son cien unidades de color blanco, con tres habitaciones, cocina, dos baños y salón, electricidad y agua corriente. Fueron entregadas incluso amuebladas con mesas, camas y sillas. Cada vecino sólo tuvo que aportar su frigorífico.

 

Las casas fueron adquiridas estrictamente por sorteo en una ceremonia pública celebrada en el ayuntamiento de Chincha.

No todas las familias abren sus puertas a los periodistas. Hay una "señora Rosita" aparentemente encargada de las relaciones públicas que es quien designa a los interlocutores.

Rosita, al igual que sus vecinas Yvonne o Marlene, no son chavistas, o mejor, prefieren no expresar su opinión política. Lo que sí dejan claro es que a nadie le pidieron acá "credenciales bolivarianas" y que cada vecino piensa lo que le da la gana.

 

Eso sí, no pueden evitar las comparaciones: "Chávez ha hecho algo bueno, no como nuestro presidente, que ni se acordó de nosotros cuando el terremoto", dice Yvonne.

Rosita apunta otro detalle comparativo: cuando las casas llegaron desmontadas en octubre pasado a la costa peruana, las Aduanas peruanas las retuvieron hasta que Venezuela pagó 300.000 dólares en impuestos pese a ser una donación, extremo éste que la Administración de Aduanas se negó a confirmar o desmentir.

No se ven en este pueblo nuevo eslóganes chavistas; todo lo más, cartelitos con pensamientos de Simón Bolívar. Tampoco banderas de Venezuela. Que nadie vea aquí ansias propagandísticas.

 

Los vecinos, que hace solo un año malvivían en un "pueblo joven" donde la única ley es el "sálvese quien pueda", están ahora pulcramente organizados en turnos semanales para limpiar las calles, arreglar los jardines y patrullar por el barrio.

Rosita y sus muchachas proyectan ahora un "taller de costura" para capacitar a las mujeres del barrio y darles así unos ingresos con el que puedan financiar escuela, dispensario médico y tiendas, que aún no existen en este mundo feliz.

De momento, las necesidades escolares y alimentarias obligan a los habitantes de las petrocasas a trasladarse al pueblo de Chincha y cruzar los barrios salvajes donde sus vecinos los miran con sana o malsana envidia.

Y es que muchos de los que no tuvieron de su lado la rueda de la fortuna siguen viviendo en una carpa de lona o cañas y sueñan con el rumor de que otras cien petrocasas están en camino.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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