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Un soldado de los EE.UU. adopta a huérfano iraquí

El chico vivía con otros 20 menores que padecían discapacidades físicas en el orfanato Madre Teresa, bajo la atención de varias monjas. Un pequeño oasis en un desierto lo resguardaba de los peligros.


El capitán Scott Southworth sabía que enfrentaría violencia, turbulencia política y un calor abrasador cuando se le anunció su emplazamiento en una de las zonas más peligrosas de Bagdad.

Pero nunca esperó encontrar a Ala'a Eddeen, un niño de 9 años, con voluntad férrea, pero cuerpo débil, que sufre parálisis cerebral y pesaba apenas 25 kilos, unas 55 libras.

El chico vivía con otros 20 menores que padecían discapacidades físicas o mentales en el orfanato Madre Teresa, bajo la atención de varias monjas que cuidaban este pequeño oasis en un desierto en el que abundaban los peligros.

 

El 6 de septiembre del 2003, a la mitad de su emplazamiento por 13 meses, Southworth y su unidad de policía militar visitaron el orfanato, donde jugaron y charlaron con los niños. Southworth hablaba con una niña pequeña, cuando Ala'a se acercó arrastrándose al soldado.

De cabello negro y ojos castaños, Ala'a habló al estadounidense de 31 años en un inglés limitado que había aprendido de las monjas. Recordó las bombas que cayeron en esa margen del Río Tigris. "¡Bom, bom!", dijo Ala'a, evocando las detonaciones, mientras subía y bajaba un puño.

"Estoy aquí ahora. Todo está bien", le dijo el capitán para tranquilizarlo.

 

En los 10 meses siguientes, la unidad regresó varias veces al orfanato. Los soldados paseaban a los niños en las sillas de ruedas, los metían a sus vehículos y ayudaban a que las monjas alimentaran a los menores.

Para Southworth, Ala'a era como un hermano menor. Pero el chico, que había soñado muchas veces que un soldado lo rescataba, comenzó a referirse a Southworth en secreto como "baba", que en árabe significa "papi".

Cerca de la Navidad, una monja dijo a Southworth que Ala'a crecía demasiado y tendría que ser transferido a una instalación administrada por el gobierno en un año.

 

"En el mejor de los casos el quedaría confinado por el resto de su vida", dijo Southworth, quien actualmente recuerda el momento en que decidió que ello no ocurriría.

Había muchas razones por las que Southworth no podía llevar a Estados Unidos a un niño iraquí. Era soltero, no sabía nada sobre el cuidado de un menor discapacitado, tenía poco dinero y contaba con planes de ejercer sus estudios de derecho como fiscal de distrito.

Además, la ley iraquí prohíbe que los extranjeros adopten niños de ese país. Pero a comienzos del 2004, vio junto con sus compañeros la película "The Passion of the Christ", de Mel Gibson, y el sacrificio de Jesús lo conmovió.

 

Pero, en las últimas semanas de su misión en Irak, Southworth recibió la aprobación del ministro del Trabajo del país para llevarse a Ala'a a Estados Unidos.


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371282
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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