Nicaragua acude hoy a unas votaciones atípicas que muy probablemente significarán la tercera reelección consecutiva de Daniel Ortega, luego de diversas acciones de las autoridades que debilitaron a la oposición del país centroamericano.
Las elecciones, que casi carecieron de actos de campaña, son consideradas una farsa por sectores de la oposición, cada vez más debilitados.
Dos sondeos recientes dan la victoria al actual presidente, con más del 50% de los votos, casi sin que haya movido un dedo.
A diferencia de otras campañas, Ortega prácticamente no salió a la calle a buscar votos, ni mostró músculo político con esos mítines de antaño que convocaban a centenares de miles de seguidores tras su Mercedes Benz.
Ortega, a punto de cumplir 71 años, busca la reelección junto a Rosario Murillo, su compañera en la vida y en la política y la cara más popular de su gobierno, ahora reconvertida en candidata oficial a la vicepresidencia.
Cinco candidatos más se presentan como candidatos a la presidencia, pero las encuestas no les dan ninguna opción y los críticos consideran que no son parte de la oposición real, la cual ha sido diezmada en los últimos meses mediante fallos de la autoridad electoral y de la Suprema Corte, organismos que varios consideran afines a Ortega.
"¿Quiénes son esos candidatos? En la boleta electoral, el rostro del comandante Ortega está acompañado de otros cinco señores que se han puesto saco y corbata para la foto, pero a quienes nadie conoce", escribió esta semana el ex vicepresidente sandinista Sergio Ramírez en un artículo de opinión en el diario La Prensa.
Ortega, un excomandante guerrillero del Frente Sandinista de Liberación Nacional, llegó por primera vez a la presidencia en 1979 tras una cruenta guerra civil que acabó derrotando la dictadura de Anastasio Somoza.
Gobernó hasta 1990, cuando perdió las elecciones, pero regresó al poder en 2007.
Desde entonces ha sido reelegido en dos ocasiones y ahora se acerca a su tercer mandato de cinco años, muy cuestionado porque los opositores consideran que está utilizando las instituciones para afianzarse en el poder mediante argucias que pueden ser legales, pero no democráticas.
"No vale la pena perder tiempo y votar. Todo está ya arreglado", opinó Glenda Bendana, una vendedora de un centro comercial de Managua. "Aquí no nos han quitado el derecho a votar, sino el derecho a decidir. Ortega se quiere morir en el poder y dejar a su esposa en su lugar".
Para el analista político Cairo Amador, esta ha sido la campaña "más deslucida y menos brillante de los últimos años".
Los movimientos del gobierno para debilitar a la posición, aunque legales, "han hecho que estas votaciones estén en cuestión", agregó.
Cambios
Las críticas a la forma de gobernar de Ortega comenzaron en 2010, cuando logró que la Corte Suprema de Justicia, dominada por magistrados afines al sandinismo, declarara inconstitucional el artículo que impedía que un presidente pudiera ser reelegido de forma consecutiva. Para sus detractores, fue el primer paso para intentar perpetuarse en el poder.
Sin embargo, sus seguidores destacan la relativa estabilidad económica del país y los bajos niveles de violencia, comparados con los de sus vecinos, Honduras y El Salvador. Además, muchos nicaragüenses alaban los programas sociales puestos en marcha por los sandinistas, de la mano de Rosario Murillo.
Si Daniel Ortega es reelegido, el panorama que enfrentará no será sencillo. Su principal socio económico, Venezuela, vive una crisis terrible y Estados Unidos promueve una iniciativa —actualmente en manos del Senado— para que las instituciones internacionales no den préstamos a Nicaragua a menos que el país tome "medidas efectivas para realizar elecciones libres, justas y transparentes".