Hechos
- 2010 presuntamente realizó maniobras ilícitas para comprar la empresa Ciccone Calcográfica.
- 300 militantes del kirchnerismo esperaron al alto funcionario en los tribunales.
El vicepresidente argentino, Amado Boudou, fue indagado ayer como sospechoso de tráfico de influencias en una causa judicial que el segundo en la línea presidencial ha desacreditado por considerarla una maniobra mediática y que podría derivar en su procesamiento.
Boudou declaró ante el juez federal Ariel Lijo, que investiga las maniobras ilícitas que presuntamente cometió junto con dos socios cuando era ministro de Economía para rescatar y adquirir en 2010 a la quebrada Ciccone Calcográfica, la única capaz de imprimir papel moneda. El fin del funcionario habría sido beneficiarse de jugosos contratos con el Estado.
Boudou, que atraviesa su peor momento político, está acusado de negociaciones incompatibles con el ejercicio de la función pública.
No hay antecedentes en Argentina de una citación a indagatoria a un vicepresidente en funciones.
“Voy a contar la verdad, voy a recibir todas las preguntas y las voy a evacuar”, afirmó Boudou a los periodistas antes de presentarse en el juzgado.
Unos 300 militantes del kirchnerismo, el movimiento fundado por el fallecido presidente Néstor Kirchner (2003-2007) y su viuda y sucesora Cristina Fernández, esperaron al vicepresidente en los tribunales con grandes banderas y tocando bombos para manifestarle su apoyo.
Boudou también recibió críticas de los presentes. “Si quedara detenido después de la indagatoria, es una muestra hacia el mundo que limitamos la corrupción, no que la eliminamos, porque la corrupción está impresa en las mentes de los argentinos”, dijo Claudio, de 53 años, que no quiso dar su apellido.
De ser procesado, el funcionario no quedaría en detención preventiva porque la pena mínima con la que se castiga el delito del que está acusado es menor a los tres años de prisión.