El presidente estadounidense, George W. Bush llegó ayer a Moscú donde se reunirá con el mandatario Vladimir Putin en un encuentro que sellará la cooperación entre los antiguos enemigos de la guerra fría, nacida tras los atentados del 11 de septiembre.
Recibido en su primera visita a Rusia por el ministro de Finanzas, Alexei Kudrin, el presidente estadounidense se dirigió a su hotel, en el centro de la capital rusa, en medio de grandes medidas de seguridad.
El acuerdo de desarme, el primero en 10 años entre Washington y Moscú, que debe firmarse en el Kremlin hoy, disminuirá el arsenal de los dos ex adversarios a 1,700 y 2,200 ojivas de aquí al 2012, frente a las alrededor de 6,000 existentes hoy en día.
Rusia logró que el acuerdo tenga el estatuto de tratado, pero una parte de las cabezas nucleares desactivadas y sus vectores (misiles, bombarderos, submarinos) no serán destruidos, algo que Moscú exigió sin éxito. Los militares no ocultan su reticencia con respecto al acercamiento con los estadounidenses, que se instalaron en varias ex repúblicas soviéticas para llevar adelante la operación antiterrorista que comenzó en Afganistán.
Denunciando la "destrucción de la defensa" del país, alrededor de 250 personas protestaron ayer cerca de la embajada de Estados Unidos, convocados por el partido comunista. Mañana y el domingo, Putin llevará a Bush a San Petersburgo, ciudad natal del jefe de Estado ruso, donde mantendrán conversaciones informales. Los dos responsables volverán a encontrarse el martes en Roma para la firma del acuerdo sobre la creación de un nuevo consejo conjunto Rusia-OTAN, que simboliza el acercamiento entre Rusia y los occidentales.