Unos voluntarios dejaron que científicos los inyectaran con el virus del dengue para probar la eficacia de una vacuna, que los inoculó exitosamente.
Ahora, los médicos quieren usar la misma estrategia con otro virus preocupante: el del Zika.
La nueva técnica es poco conocida, pero su práctica está en aumento. Gente saludable accede a ser infectada intencionalmente, a fin de ayudar en la búsqueda de curas o vacunas contra una amplia gama de padecimientos, desde la influenza hasta la malaria.
El estudio difundido demostró que algo que suena peligroso no solo puede realizarse sin problemas, sino que, además, puede dar pistas sobre la eficacia de un tratamiento.
"Lo que estamos tratando de hacer es acelerar la investigación de vacunas'', declaró la autora principal del estudio, la doctora Anna Durbin, de la escuela de salud pública de la Universidad Johns Hopkins. De esa manera, "podemos descubrir si se trata de un tratamiento ineficaz, antes de dárselo a miles o decenas de miles de personas".
La posible vacuna contra el dengue parece promisoria, dijeron los expertos en la publicación Science Translational Medicine.