La calma volvió en las últimas horas de hoy a Sucre, al retirarse la policía de la ciudad después de tres días de disturbios que causaron tres muertos y 130 heridos por la forma en que el oficialismo aprobó unilateralmente el proyecto de nueva constitución del presidente Evo Morales.
Las televisiones locales mostraron imágenes de la ciudad en calma, sin agentes, pero con señales de la violencia y decenas de instalaciones y vehículos oficiales quemados y saqueados.
Líderes cívicos de Sucre, capital oficial pero no efectiva de Bolivia, y el obispo de la ciudad, el español Jesús Pérez, hicieron llamamientos a los manifestantes para detener los incidentes.
El presidente del Comité Interinstitucional de Sucre, Jaime Barrón, a quien el Gobierno acusa de instigador de las protestas, dijo que Morales intenta que reine el caos en la ciudad, al retirar a todos los policías y dejar libres a todos los presos.
Los fallecidos en los disturbios son Gonzalo Durán, abogado de 29 años, muerto el sábado de un balazo en el pecho; el joven carpintero Juan Carlos Serrudo, fallecido hoy por traumatismo en el tórax, y el policía Jimmy Quispe Carazas, linchado en la madrugada por una turba.
También hay al menos 130 heridos, algunos graves, incluido uno en coma, con un disparo en la cabeza, y al menos dos a los que hubo que amputar miembros, informaron fuentes de los hospitales de Sucre.
Morales afirmó hoy que es segura la ratificación de su proyecto de nueva carta magna, pese a ser aprobado por solo 136 de los 255 constituyentes, pero el ex mandatario conservador Jorge Quiroga afirmó que "vale tanto como papel higiénico usado".
En un mensaje transmitido por la televisión estatal, Morales declaró que su propuesta "será refrendada y aprobada mediante un referéndum del pueblo boliviano".
Aludía a la votación fijada en la legislación vigente para validar la nueva constitución, que antes deberá aprobarse artículo por artículo y en una revisión, si la Asamblea Constituyente logra reunirse de nuevo en su sede de Sucre.
Recluidos en un liceo militar sucrense desde el viernes y sin un solo opositor, los oficialistas aprobaron el sábado el nuevo texto constitucional en primera instancia, sin leerlo y a mano alzada.
Morales obvió las denuncias de la oposición de que esa aprobación es ilegal y no se refirió tampoco en concreto a las tres víctimas mortales, pero pidió una investigación "urgente e imparcial" para dar con los responsables de los disturbios.
También solicitó tranquilidad a los sucrenses, lamentó "los hechos de sangre" y señaló que su gobierno no ordenó a las fuerzas de seguridad usar armas de fuego en las manifestaciones.
Morales acusó a Quiroga, jefe de la alianza Poder Democrático y Social (Podemos), de promover y "prever" la violencia en esa ciudad.
Quiroga criticó la "cruel y sádica represión" que padecieron los sucrenses y acusó a Morales de persistir en su "retórica de guerra".
La sesión en la que se aprobó el documento fue maratoniana y, antes de la votación, los constituyentes oficialistas se limitaron a leer el índice de la nueva carta magna y algunos informes temáticos, por lo que hasta ahora se desconocen los textos aprobados.
El diario paceño "La Razón" y otros medios bolivianos destacaron que los constituyentes afines al gobierno "atropellaron el reglamento" de la Asamblea al saltarse varias de sus normas.
Morales dijo que la nueva constitución garantiza las autonomías departamentales e indígenas, pone "candados" a la nacionalización de los hidrocarburos y declara como "derecho humano" los servicios básicos de agua, energía y telecomunicaciones.
Líderes de partidos opositores, organizaciones cívicas y asociaciones de empresarios mantuvieron reuniones para ver cómo responden a lo que llaman "golpe de mano" de Morales para imponer la visión de la mitad de los bolivianos a todo el país.
El partido de Morales, el Movimiento al Socialismo (MAS), tuvo en los comicios de 2006 para integrar la Constituyente el 50,7 por ciento de los votos.
El gobernador opositor de la región central de Cochabamba, Manfred Reyes Villa, reiteró que debe haber un referendo, pero no para el proyecto constitucional del MAS, sino para preguntar al pueblo si quiere "que Evo siga siendo presidente".