La ambición de los portugueses por descubrir nuevo mundo dejó a la ardilla roja sin su particular hábitat en el siglo XV, debido a la enorme cantidad de madera que se extrajo en los bosques lusos para construir las embarcaciones que se usaban en las rutas del descubrimiento.
Pero en los últimos años, el popular, sociable y simpático animal atravesó la frontera de Galicia para hacer las paces con los portugueses y dar inicio a un largo viaje hacia el sur del país. Se ha constatado un incremento del área de distribución de las ardillas en Portugal.