CUANDO se pregunta sobre la personalidad y la obra de Alberto Motta, se repite la misma respuesta una y otra vez: "Alberto era un hombre de gran calidad humana y muy trabajador".
Se trata de uno de esos escasos personajes que logran evocar en los demás los mejores recuerdos y un rosario de adjetivos positivos.
"Alberto tenía un corazón de oro, con mucho sentido social y humanitario", fue lo primero que vino a la mente de doña Rosario Arias de Galindo.
Por muchos años, la presidenta vitalicia de Editora Panamá América mantuvo amistad con don Alberto, lo que la faculta a dar fe que quiso mucho a Panamá e hizo cosas "inimaginables" por la gente.
"Su amor por la vida y su eterno entusiasmo y alegría por cada uno de sus proyectos, fueron fruto del excelente trabajo de su madre", aseguró doña Rosario, vía telefónica desde Chile.
Explica que a él y a sus hermanos se les inculcó el amor por el trabajo y por la gente, así como el deseo de ayudar.
Lo más valioso es que, a pesar de venir de abajo, vendiendo periódicos en las calles, una vez que hizo fortuna, a don Alberto jamás le avergonzaron sus inicios.
Para la periodista Luz María Noli la noticia fue tan dura, que ahogada en llanto destacó a Panamá América la pérdida de un ser "fuera de serie".
De hecho, advierte que perdió a un amigo solidario, pero ganó la experiencia de conocer a "alguien sinigual".
Aunque lo conocía desde hace mucho, "hace 16 años fue cuando aprendí a quererlo y respetarlo, al notar a un ser humano extraordinario", dijo.
"No importaba la hora que fuera, siempre tenía ánimos para atender a la gente.. "Papá Alberto" era un trabajador incansable y nunca estaba disgustado", aseguró.
Nadie se peleaba con él, en parte porque era cariñoso y con buen sentido del humor, pero también porque era un hombre positivo, que siempre encontraba una excusa razonable para todo.
"La gente lo adoraba, era un privilegio estar con él", dijo.
Si la ex alcaldesa, ex legisladora y ex representante Mayín Correa obtuviera otra vez un cargo de ese tipo, difícilmente encontraría a alguien como Alberto Motta como soporte económico y espiritual.
Así lo asegura la también periodista, quien trabajó con el empresario en varios proyectos de carácter social.
"Siendo un hombre tan poderoso, le encantaba visitar el albergue de ancianos en Pacora.. Iba todos los fines de semana con sus nietos, a llevarles películas viejas, dulces y revistas", recordó.
De una humildad y sencillez que no se encuentra en todo el mundo, resulta que Motta tenía como gran debilidad: los ancianos.
"No es que fuera derrochador ni quisiera lucrar con su ayuda, porque ni le gustaba que se le mencionara", dijo.
En Colón, están especialmente tristes por su deceso.
"No sólo se perdió a uno de los empresarios más importantes de la Zona Libre, sino a un hombre altruista", dijo la directora, Nilda Quijano.
Sin embargo, al igual que los demás, es optimista, advirtiendo que su legado no debe ser en vano y su ejemplo debe perdurar entre todos.
Murió la noche del pasado lunes 25 de septiembre.
Su honras fúnebres se realizarán hoy, a las 10: 00 a.m. en la Congregación Kol Shearith Israel, en Costa del Este.
En lugar de ofrendas florales, sus familiares agradecen que se hagan donaciones a Kol Shearith Israel.
Fueron muchísimas las distinciones que recibió en vida. Algunas de ellas fueron el Doctorado Honoris Causa otorgado por la Universidad Tecnológica de Panamá, y la Orden René de Lima, de CoSPAE, por su labor filantrópica.
Alberto Motta será recordado porque fue un hombre bueno
Advierten que su legado no debe quedar en vano y debe ser tomado como ejemplo por todos.