Los desarrollistas de urbanizaciones en el área Oeste de la ciudad de Panamá han utilizado las áreas bajas o sitios que anteriormente servían para reservorios para la construcción de viviendas, y los ríos Aguacate y San Bernardino no tienen la capacidad para desalojar los volúmenes de agua que están recibiendo, fueron algunas de las conclusiones a que llegó la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos (SPIA) al analizar las inundaciones que sufrió el pasado mes el distrito de Arraiján, la cual dejó más de 6 mil personas afectadas.
Los técnicos encargados del estudio aducen que las inundaciones producto de las lluvias que dejó 6,000 damnificados, pudo evitarse si se contara con un centro de información de cuencas, para poder alertar a la población, por lo que advierten situaciones similares en otros puntos del país como Juan Díaz, Río Abajo y Tocumen, por donde pasan ríos importantes y no se ha respetado la servidumbre.
De acuerdo con el arquitecto Ulises Lay de la comisión de la SPIA encargada de estudiar el problema, se pudo determinar que las secciones hidráulicas actuales de los ríos arriba mencionados y su confluencia con el río Caimito, no tienen la capacidad para desalojar las escorrentías que se están produciendo.
Informó que el desarrollo urbano que se ha producido en Arraiján, ha incrementado las escorrentías de las aguas hacia los ríos, además de disponer de las áreas que anteriormente servían de reservorios o amortiguadores de crecidas, lo que no ha sido tomado en cuenta por las urbanizaciones. Ante esta situación se recomendó el dragado y rectificación de los cauces con secciones simétricas que aumenten en un 70% su capacidad.
Sostuvo que al aumentar las secciones hidráulicas de los cauces y rectificar los ríos, los niveles de inundaciones actuales disminuirán sustancialmente.
Otro de los problemas detectados por los investigadores es que los cauces están llenos de obstáculos como altos herbazales y árboles, y grandes acumulamientos de todo tipo de basura.
"Estas características causan baja capacidad del cauce para desalojar grandes volúmenes de agua, haciendo que la misma se desborde de su cauce actual buscando partes bajas", agregó. Los expertos consideraron que la marea alta no tuvo nada que ver realmente con las inundaciones, desmintiendo versiones al respecto.
El informe también pudo determinar que es necesario corregir los cauces para trasladar las crecidas hasta el río Caimito, aunque a pesar de esto seguirá el peligro latente para todos los que vivan en áreas bajas de estas cuencas.
Una de las advertencias de la SPIA es que las urbanizaciones hagan estudios complementos del comportamiento de la cuenca al introducir cambios en niveles y nuevas viviendas.
Sostiene el análisis que no se cuenta con información detallada sobre las cuencas y subcuencas de estas áreas, sin embargo lo que se pudo corroborar es que la parte baja tiene un promedio de 1,500 mm de precipitación anual y en la parte alta 2,5000 mm de precipitación.
Debido a esta situación el volumen de agua que trató de pasar por debajo del puente en la carretera Arraiján-La Chorrera fue una gran concentración de lluvia en un corto período de tiempo.
Además la crecida fue instantánea, no poco a poco, lo que indica la formación de la cabeza de agua originada por la falta de capacidad del cauce de los ríos San Bernardino y Aguacate para conducir el volumen de agua.
Se informó que los ríos deben estar limpios, pero en Panamá no existe una política de mantenimiento de los cauces urbanos. Según las estadísticas de estaciones hidrométricas, estos ríos tienen crecidas periódicas, las cuales marcan los niveles máximos al que han llegado.
La SPIA criticó que existan leyes que datan del siglo pasado para regular el desarrollo habitacional actual y sugirió retomar la red que había antes en el antiguo Instituto de Recursos Hidráulicos y Electrificación (IRHE) para medir las precipitaciones en los diferentes ríos del país.