Las 4: 00 de la madrugada de ayer se convirtió en la hora fatal para los residentes del sector "S", en Curundú.
Una balacera entre pandilleros pertenecientes a las bandas "Los Niños Sicarios" y los "Niños de la Tumba Fría" generó un fuego sin precedentes en el área, el cual dejó un saldo de tres personas muertas.
De acuerdo con versiones de testigos, el tiroteo estaba en su apogeo, cuando uno de estos malvivientes incendió una vivienda a propósito, desatando así una gran tragedia.
Existen dos versiones. La primera, señala que rociaron gasolina; y la otra, que lanzaron un cóctel "molotov", desatando el infierno.
Eran las 4: 05 de la madrugada, el Cuerpo de Bomberos de Panamá (CBP) recibió la alerta de un incendio en Curundú. La casa de Magdaleno, un hombre dedicado a la venta de bollos, fue el epicentro de lo que después se constituyó en una gran tragedia: las casas a su alrededor comenzaron a arder.
El fuego se fue propagando rápidamente, la brisa alimentó el siniestro entre las estrechas veredas del lugar conocido como La Caseta, donde las casas hacinadas, de madera, zinc y bloques, se convertían en presas de las llamas.
Los gritos de desesperación se escuchaban en la oscuridad. "¡Fuego.., fuego!", se oía. Los vecinos unos a otros se llamaban, había que huir para salvar la vida. Entre la oscuridad y el ardor de las llamas escapaban niños, adultos y ancianos, contó una mujer del lugar.
Más de 725 personas pudieron salvar sus vidas. No así, los niños Kyara Bethancourt, de 14 años; su hermanito Félix Asprilla, de 4 años y la pequeña Lauryn Núñez Asprilla, de ocho años, quienes dormían al momento del desastre.
A Kyara y a Félix los vecinos intentaron sacarlos, pero fue en vano, ya no se podía hacer nada, su vivienda estaba muy cerca de donde se inició el fuego.
Los bomberos intentaron llegar al lugar del siniestro, inmediatamente, pero no pudieron, pues los pandilleros, a pesar de lo ocurrido, no se lo permitieron, confirmó el comandante del CBP, Mario Ramírez.
Fueron amenazados por los malhechores, quienes seguían detonando sus armas.
En Curundú, un submundo donde impera la violencia, las pandillas ayudaron a que el fuego tomara más fuerza.
Habían pasado entre 10 a 12 minutos, la Policía Nacional reforzó el área frente al llamado urgente, y los bomberos por fin penetraron para contener el fuego, que les tomó tres horas poder controlarlo.
Al amanecer, ya la Policía tenía detenidos a dos sospechosos de iniciar la tragedia. José Luis Rosas Aguilar, de 20 años, y un menor de 15 años con un prontuario delictivo con más de 10 arrestos, entre el 2006 y el 2007. El director de la Policía, Rolando Mirones, lo dijo: " hubo mano criminal".