El café Geisha no necesita azúcar para tomarlo. Su delicioso sabor, aroma y textura queda impregnado en el paladar del cliente cuando lo consume.
Es muy delicioso probar una taza de café Geisha, que es producido en la Hacienda la Esmeralda, ubicado en Palmira distrito de Boquete, provincia de Chiriquí.
Quienes lo han consumido coinciden en que provoca una alegría, una sensación completamente diferente y se puede distinguir con facilidad.
Los expertos revelan que en las cataciones mundiales cuando encuentran un buen café, dicen: "Parece el café de Panamá".
Bajo un agradable clima, la familia Peterson sigue cultivando este producto que le ha dado el reconocimiento al nombre de Panamá como un país productor de café de alta calidad.
Esta variedad fue descubierta en 1996, una vez la familia Peterson compró esta finca al Banco Nacional de Panamá, porque el dueño la había perdido.
Tenía cerca de 20 hectáreas de café sembradas y las plantaciones no estaban en las mejores condiciones.
Daniel Peterson, encargado de producción de la Hacienda La Esmeralda, recuerda que había unas 15 variedades diferentes de café. Entre ellas los árboles de Geisha.
Separaron las variedades y descubrieron que el sabor de este café era muy particular y buscado por los clientes.
Comenzaron a aumentar la producción y en la actualidad ya cuentan con 10 hectáreas donde el año pasado lograron cosechar 300 quintales del grano.
Sin embargo, sufrieron un declive en la zafra que acaba de pasar por las condiciones climatológicas que sacudió a Boquete y solo pudieron cosechar 150 quintales.
El secreto de la Esmeralda está no solo en el sabor y calidad de un buen café, también se encuentra en las manos de aquellos indígenas Ngöbe Buglé que cada año llegan a esta finca a cosechar bajo las más estrictas normas de calidad.
Ventas.
Durante una subasta por Internet, vendieron a un precio de 117 dólares con 50 centésimos la libra de la mejor calidad del café Geisha.
Este es el mejor precio alcanzado en su segundo año consecutivo de vender la producción en una subasta electrónica.
El precio más bajo pagado en los 47 lotes de siete calidades diferentes que se llevaron a la venta fueron 24 dólares, lo que a juicio de la familia Peterson se trata de un muy buen precio por libra.