A Montenegro lo conocimos en el interior de un hoyo de casi dos metros de profundidad donde excavaba para dar con la fuga de una de las principales tuberías que abastece de agua potable a la comunidad de Clayton, en el área revertida, donde, a pleno sol, paleaba tierra y lodo, con un rostro transfigurado por la transpiración.
Él tiene tres meses laborando con el IDAAN, gracias a un programa que ha recuperado a unos 300 jóvenes pandilleros. La oportunidad se presentó luego de que él fuera rehabilitado inicialmente a través del INAFORP con un curso de albañilería.
"Anteriormente no me dedicaba a nada, andaba en la violencia. Mi vida anterior era vender droga, robar y tirar bala en el barrio. Hoy me dedico a mi familia, porque tengo una hija de dos años de edad. Tengo amigos que ya han muerto y no quiero tener la misma suerte. Aquí hacemos algo muy positivo y de beneficio", insistió el ex pandillero.
A juicio del trabajador, una de las principales razones por las cuales en nuestro país hay un gran auge de las pandillas juveniles es debido a la falta de oportunidades laborales y el incremento de la desintegración familiar, lo cual hace que los barrios presenten este problema que llena de luto a la familia panameña.
Previendo esto, las autoridades han ajustado los correctivos tomado a los jóvenes como Montenegro y los han distribuido en diferentes dependencias gubernamentales y comunales para que desempeñen un oficio en particular, evitando que se sigan cayendo en manos de la violencia.
En este sentido, muchos jóvenes trabajan en el IDAAN de Carrasquilla, en el de vía Brasil; en el Parque Omar y en otros lugares que se dedican a mantener los barrios limpios, las iglesias, el aseo de las calles o riegan los parques.
"Esta iniciativa la veo bien, porque he aprendido cosas que anteriormente no me imaginaba realizar. Aquí arreglamos todos los diámetros de las tuberías y conocemos toda la ciudad, ya que trabajamos para la Región Metropolitana y esto nos ayuda a conocer lugares que antes desconocía por completo", dijo Montenegro.
Vladimir Montenegro, que proviene de la calle 25 del Barrio del Chorrillo, le da gracias a Dios por esta oportunidad que le ha concedido. Ahora, a diferencia de antes, cuenta con el apoyo para seguir cambiando en un proceso que inició a mediados de diciembre del año pasado, en busca de una nueva oportunidad para hacerle frente a la vida y con una nueva mentalidad de superación.
"Yo les recomiendo a los jóvenes que andan en pandillas o sembrando la violencia a que abandonen esa vida que no lleva a nada productivo. Mis proyecciones son aprender un poco más a cerca de la plomería para así realizar algunos trabajos que garanticen la paila y ganar una experiencia adicional", dijo Montenegro.