Personas de todas las edades participaron ayer en la Caminata del Gran Abrazo Mundial, que salió del Parque Urraca y del Centro de Convenciones ATLAPA y finalizó con un convivio intergeneracional en el Parque Omar.
En un ambiente de alegría, y vestidos con ropas deportivas, personas de todas las generaciones y con diferentes intereses compartieron en un mismo lugar momentos de emoción y esparcimiento, donde los mensajes de concienzación fueron la nota del día.
Se sumaron a esta actividad pro unión intergeneracional, varias reinas de la Tercera Edad, Boys Scouts, ciegos, personal de financieras, adolescentes de asociaciones juveniles, residentes y voluntarias del Hogar Luz y Vida y otros albergues e instituciones que brindan atención al adulto mayor, así como autoridades gubernamentales y personas que no pertenecen a un gremio determinado.
Algunos se ayudaban con un bastón, otros se apoyaban en parientes con menos años. En el Parque Omar, posterior a la Caminata, hubo un convivio donde participaron representantes gubernamentales (del Ministerio de la Juventud, la Mujer, la Niñez y la Familia y Ministerio de Salud), de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), de la juventud y de la Tercera Edad. Estuvo presente el niño Ricardito Gruber, hijo de la presidenta de la República, Mireya Moscoso.
Carpas de financieras, compañías distribuidoras de refrescos, se podían apreciar, así como otras donde grupos de la Tercera Edad y entidades estatales que velan por la familia, distribuían información y dialogaban con los caminantes.
La gente se sentaba también bajo los árboles para refrescarse, disfrutar de la música y escuchar los mensajes del Padre Jorge Rivera, quien estuvo a cargo de la invocación religiosa.
Con la Caminata Panamá se unió al resto de las naciones del planeta para conmemorar el Día Internacional del Adulto Mayor (que fue el viernes 1". de octubre) y apoyar el Movimiento Pro Envejecimiento Activo. Ambas, actividades conmemorativas del Año Internacional del Adulto Mayor.
REPRESENTACIONES
Desde muy temprano llegaron a la capital delegaciones de diferentes sectores del país. Para algunos, la fecha fue una larga y ansiosa espera.
"Esto estuvo muy bonito, se nos pidió cooperación y estamos despiertos desde las once de la noche del viernes y viajamos a Panamá como a las tres de la madrugada", dijo Josefina de Martínez, de 78 años, de la Asociación "Mi Alegría de Vivir", de Canto del Llano, Santiago, quien con su esposo Román Martínez, de 87 años, vino especialmente a la capital panameña para participar, junto a cientos de personas de todas las edades, en la Caminata del Gran Abrazo Mundial.
"Tenemos 12 hijos, como 40 nietos, 20 biznietos y todavía no tenemos tataranietos. Ni chorros, que es lo último después de tataranieto y de ahí pa"lante no hay nada qué decir, porque entonces eso no es familia de uno", manifestó el Sr. Martínez, quien dijo que tienen una Casa de la Tercera Edad en San Martín que está muy moderna.
"Hemos pensado y dijeron una vez en la Tercera Edad que se iba a pelial por conseguir un incentivo para los viejos como yo. Así como pa" los que no tienen la jubilación. Se nos estaba inculcando y instruyendo en esto y a mí me gusta esa idea y pudiera ser que llegara, que si yo no lo alcanzo otros sí puedan recibir esas mejoras".
Por su parte, Nidia García de Bernal quien tiene 16 nietos, estuvo acompañada en la caminata por su nieto menor, Claudino Omel Bernal Lasso, de 4 años.
A Carmen Hernández, del Grupo de Betania le pareció magnífico todo, así como a Próspero Reyes, de 49 años, de Tocumen. Otro grupo que tuvo una gran representación fue el de San Felipe. De ese grupo, Idalides Moscoso Falco, de 65 años, calificó la actividad de "muy buena", a lo que Paula Rodríguez Vásquez, de 60 años y del grupo "Unión, Amor y Cooperación", del Seguro Social, agregó que la pasaron muy bien y fue una experiencia interesante.
Entre tanto, adolescentes de Arraiján que se quejaban del calor y que no disponían de agua (cada una mostró su respectiva botella vacía), dijeron que participaron en la caminata porque tenían que llenar horas de trabajo social, pero que la habían disfrutado.