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Cárceles: violencia cobra más vidas que las enfermedades


Muchas son las penurias por las que atraviesa el sistema penitenciario del país: el hacinamiento, la mala alimentación, la mora judicial; entre otras, pero una de las más preocupantes y que se ha incrementado en los últimos años, es la muerte por enfermedades y reyertas entre reclusos.
Las principales causas de estos males radican justamente en el hacinamiento en las cárceles, además de la distribución inadecuada de los reclusos y la falta de un mayor presupuesto que ayude a combatir de manera más eficiente y decidida los fallecimientos por enfermedades y reyertas.
En los últimos cinco años, en las cárceles han fallecido unos 12 pacientes con SIDA y tuberculosis, reveló el jefe de Salud Penitenciaria de la Dirección del Sistema Penitenciario, Edwin Castillo.
Otros dos internos, uno en la Joya y otro en Tinajitas, fallecieron durante los últimos cinco años, por causas naturales, uno por problemas cardíacos y otro por males gastrointestinales. No obstante, el tema de las muertes por enfermedades dentro de las cárceles, no es alarmante, según Castillo. Explicó que los internos enfermos son atendidos inmediatamente por un médico y si tienen problemas graves son enviados al hospital, independientemente de la condena que cumplan.
"Más del 80% de un total de 9 mil 251 internos de todo el sistema penitenciario se atiende con un médico cuando entra a la cárcel y quizá está más protegido que en la propia comunidad de donde proviene", señaló.
Agregó que las muertes por reyertas en las cárceles son más frecuentes que las ocasionadas por enfermedad, ya que estos hechos violentos son más constantes.
Señaló que un ejemplo de que falta más dinero es que, para medicamentos, el sistema penitenciario sólo tiene un presupuesto anual de 17 mil balboas, pese a que cuenta con 87 cárceles en todo el país, en las que hay más de 9 mil reclusos. Este presupuesto se agota en los primeros meses del año y sólo existen siete médicos para atender todo el sistema.
POCO PERSONAL MEDICO
Actualmente hay un médico en la cárcel La Joya para aproximadamente 2 mil internos, uno en La Joyita para igual cantidad de internos, un galeno que atiende en la Cárcel de Colón, otro que asiste a la cárcel El Renacer y otro que atiende el Centro Femenino de Rehabilitación. Los otros centros penitenciarios son atendidos de forma alterna con el jefe de salud, lo que hace evidente la necesidad de más galenos.
Según José Iván Guerrero, jefe de Tratamiento y Rehabilitación de la Dirección General del Sistema Penitenciario, para mejorar no sólo la atención médica, sino su entorno, dentro de las cárceles se requiere de por lo menos un abogado, un trabajador social y un psicólogo por cada 125 internos, es decir, 74 profesionales de cada una de estas especialidades. Se requiere, además, un médico por cada 250 reclusos, lo que significan 36 y un psiquiatra por cada 500 internos, es decir, 18.
Pero la realidad es otra: de estos profesionales sólo hay 7 abogados, 23 trabajadores sociales, 6 psicólogos, un sociólogo; no hay psiquiatra (el Ministerio de Salud y la CSS respaldan al sistema en ese sentido), y tampoco hay criminólogos.
Indicó el especialista que, de los 9 mil reclusos, el 15%, -más de 600 internos-, tiene problemas psiquiátricos, incluyendo pacientes con alteraciones graves por consumo de sustancias ilícitas y de ansiedad por el encierro.
En Tinajitas, por ejemplo, el 90% - unos 500 - de la población carcelaria administrativa que asciende a 600 personas, tiene problemas de adicción a drogas, de los cuales la mitad -250- además de la adicción, tiene problemas psiquiátricos severos, que ameritan un tratamiento psiquiátrico. Aún así, no hay psiquiatras, manifestó la fuente. Estas cifras no incluyen las especialidades, sustentó, a la vez que informó que para mejorar el sistema se requieren al menos 2 millones de balboas.
MUERTES POR SIDA Y TUBERCULOSIS
El contagio del SIDA y la Tuberculosis es lo que más preocupa al sistema penitenciario. El SIDA, según el doctor Edwin Castillo, es visto en los centros penitenciarios con mucha más frecuencia y es un reflejo de lo que está pasando en la sociedad.
Muchos de los que ingresan a las cárceles llegan aparentemente sanos, porque nunca han ido a un centro de salud a atenderse. Dentro de las cárceles se percatan de que están enfermos.
Ya en el centro penitenciario, los reclusos revelan si se han inyectado drogas, mientras otros confiesan que son homosexuales, por lo que se les hacen las pruebas, mediante las que se detecta que son portadores del VIH y son separados del resto de la población.
En fase terminal, según Edwin Castillo, cuando ya un interno presenta la enfermedad del SIDA, los médicos gestionan que el paciente esté en el hospital o en sus casas.
Actualmente, a escala nacional, en todos los centros penitenciarios hay 30 pacientes con VIH positivo, la mayoría de los cuales está en el pabellón cinco de la cárcel La Joya. En los últimos cinco años han fallecido cerca de 12 internos a causa del SIDA, a muchos de los cuales se les dio depósito domiciliario, pero estaban tan graves que ni siquiera pudieron ir a sus casas y fallecieron en el hospital.
La falta de presupuesto, según Castillo, impide que la prueba del VIH se les practique a todos, por ello se les hace a los internos un interrogatorio para incluirlos dentro de los pacientes con factores de riesgo, como tatuajes, homosexualidad, promiscuidad secual; entre otros.
Hay 20 casos de tuberculosis dentro de los centros penitenciarios en el ámbito nacional, 12 de ellos están en La Joya y reciben un tratamiento de seis meses. Afortunadamente, señaló Castillo, Salud tiene un programa para curar la tuberculosis y suministra de forma gratuita el tratamiento.
Explicó que, a pesar de que existe un tratamiento en la Caja de Seguro Social, que mensualmente asciende a 700 balboas por paciente para prevenir que los enfermos con VIH desmejoren y fallezcan por el SIDA, el Ministerio de Salud no brinda ese tratamiento y, por ende, los reclusos no lo reciben. Sólo se les atiende médicamente por enfermedades colaterales al VIH.
Castillo lamentó que el presupuesto anual no alcanza ni para las aspirinas. "Si no fuera por las donaciones de las casas farmacéuticas y de organismos internacionales, existiese un mayor número de enfermedades. Ahora mismo estamos trabajando con las donaciones que recibimos", resaltó.
Puso como ejemplo al paciente con afecciones de presión alta, en el que se gastan 60 dólares por mes, sólo en medicamentos, fuera de las consultas con los médicos y especialistas. "Si esos medicamentos no existen dentro del presupuesto, ¿cómo podemos dar una mejor atención?", preguntó.
MUERTES POR REYERTAS
Al menos 28 reclusos han muerto y otros 142 han resultado heridos en los últimos años, a causa de enfrentamientos entre ellos. Uno de los hechos sangrientos más recordados en las cárceles fue la masacre de Coiba, en el que un grupo de reos evadidos del penal y miembros de la banda "Los Perros de San Joaquín", decapitaron con sierras a cuatro internos, miembros de la banda "Los Hijos de Dios", el 30 de enero de 1998.
Fermín Arias Rojas fue el único sobreviviente y por este caso están imputados 14 reclusos, quienes fueron llamados a juicio, que aún está por definirse. Otro hecho impactante fue el que se produjo el 5 de junio de 1996 en la Cárcel de Nueva Esperanza de Colón, en donde, tras una sangrienta reyerta, cinco internos resultaron muertos y 10 presentaron heridas de gravedad. La causa: un enfrentamiento entre las bandas "Bamboo Lane" y "Los Chicos Buenos del Norte".
De acuerdo con el subjefe de la Dirección general del Sistema Penitenciario, José Alvarez Cueto, las reyertas son la principal causa de muerte en las cárceles y se producen principalmente por encontrones entre las bandas que existen en los diversos barrios del país.
Según Cueto, a pesar de que las muertes por reyertas superan a las causadas por enfermedades, no es indicativo de que haya un caos en los centros penitenciarios. Lo que hay, dijo, es la constante preocupación por el hacinamiento en las cárceles, que aunado con la existencia de bandas criminales organizadas, provocan una mayor tensión.
La tendencia moderna para evitar las reyertas y, por ende, las muertes, es que debe haber una separación de los reclusos que están en proceso, los que están condenados, los de máxima seguridad, media y mínima seguridad; y eso - aseguró - se está tratando de cumplir, "pero al no contar con las infraestructuras ni con el personal necesarios, es imposible llevar un control estricto de eso, sobre todo, cuando hay más ingresos de reclusos a los penales, que egresos".
Para ello es necesario construir cárceles modernas y no cuarteles adaptados a cárceles, como lo existe en Chiriquí, la Joya, la Joyita, Tinajitas y Colón, las provincias de Herrera, Los Santos y Bocas del Toro.
Por su parte, la directora del sistema penitenciario, Concepción Corro, precisó que lo que hay que hacer es un gran esfuerzo para que las autoridades judiciales y las corregidurías den otros tipo de alternativas y no la cárcel. "Hay gente que está presa por sólo estar de visita en una casa al momento de realizarse un operativo por drogas. Se puede ofrecer otro tipo de medidas, la fianza, la casa por cárcel y, en última instancia, debe producirse la detención", recalcó.
Afirmó también que muchos de los corregidores y jueces nocturnos abusan de su autoridad, sancionando con varios días de cárcel al individuo. "Nosotros tenemos casos en donde si usted no carga cédula, lo meten 30 días de cárcel, cuando una cédula cuesta cinco dólares. A nosotros nos cuesta más mantener al detenido, ya que en 30 días le tenemos que dar desayuno, almuerzo y cena, atenderlo médicamente y vigilarlo".
Una de las más recientes muertes de un interno a causa de una reyerta, se produjo en la cárcel de Tinajitas. El 6 de agosto, el interno Inocencio Campos Herrera, quien cumplía pena de un año por un caso administrativo de desacato, recibió una puñalada en la espalda por parte del interno Martínez Martínez, que en primera instancia tenía una condena similar, emitida por un juzgado de Policía, pero que luego se detectó que debía cumplir cinco años por robo agravado.
Las últimas dos muertes producidas en los centros penitenciarios por agresión entre los mismos internos, se dieron el pasado 15 de septiembre en La Joya, luego que fueran asesinados los reclusos Sudhir Sharma López y Norberto Badillo. Estos fueron asesinados en horas de la madrugada, presuntamente por ser testigos de otros hechos fatales dentro de la cárcel.
MUERTES POR AGRESION DE CUSTODIOS
En los últimos cinco años, según registros, sólo se ha producido una muerte por esta causa. El 6 de marzo de 1997 se produjo el fallecimiento del reo Jorge Alvarado, quien fue detenido en la cárcel de Tinajitas, por no tener su cédula. Alvarado falleció tras sufrir una agresión por parte de tres unidades de la policía, que le produjo un infarto a causa de las 41 lesiones ocasionadas con un palo. Los agentes mantienen procesos judiciales por homicidio.
Para Cueto, el presupuesto anual del Sistema Penitenciario de 8.7 millones es insuficiente, para atender todas las necesidades existentes. De ese presupuesto, el 58% es para salarios, el 37% para alimentación, un 1% para transporte y 4% para otros, entre ellos 17 mil dólares para medicamentos para todo el sistema, que tiene actualmente 3 mil 998 detenidos condenados y 5 mil 253 detenidos en procesos judiciales, no condenados.
El sistema penitenciario, sin duda alguna, tiene grandes fallas, pero muchas de ellas, según Cueto, no se resolverán a corto plazo, si no se suministra un presupuesto anual de 25 millones de dólares, además de la construcción de verdaderas cárceles que reduzcan al mínimo las reyertas y, en consecuencia, las muertes en las cárceles, tanto por enfermedad como por hechos violentos.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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